AmÉrica Diversa (I): Cinco de Mayo, Trump y Bilingüismo

Ayer fue cinco de mayo. Se ve que es una fecha importante para la comunidad mexicana en Estados Unidos porque desde el principio de mi estancia me he ido encontrando con ella. Ya me sorprendió el primer día de clase cuando muchos estudiantes debutantes en el idioma respondían con esta fecha cuando les preguntaba por cosas que conocían en español. Por lo que he ido conociendo, se asocia esta fecha al cuatro de julio estadounidense, si bien en realidad lo que ayer se conmemoraba es una batalla en Puebla de Zaragoza donde las tropas mexicanas se impusieron a las francesas.  El «Independence Day» mexicano sería el Dieciséis de Septiembre, fecha que aproveché por cierto para saltarme un par de clases e ir con el Club de Español a comer al restaurante mexicano de Versailles, un pueblo que quizás os suene por una entrada del mes pasado:

Lo de la comunidad latina aquí is a big thing. Recuerdo una fiesta latina en tol centro de Indianápolis al poco de llegar aquí, donde pude tener mi racioncica de verbena:

Las vallas que se ven es el social distancing que se practicaba en la fiesta con los bebedores de cerveza, ya que sólo se podía consumir alcohol en una zona bien delimitada, con su segurata, su sello pa salir y tol copetín. No es que me parezca mal ni voy a entrar a juzgar cómo ponen coto al tema, pero algo me chocó tanta restricción. [Y más teniendo en cuenta que dos semanas después me encontraría en Cincinnati miles de personas beodas bailando los pajaritos y tirándose la cerveza poncima (creo que tengo un video de ello). Por cierto, sigo trabajando la entrada cervecil de la Queen City, lo prometo] 

En cualquier caso y de cualquier forma, la IPA local que me preté en el downtown de la capital de Indiana entró por su sitio:

Sun King, Indianápolis.

Y ahora vamos un poquico a la chicha: ¿Cómo llevan el tema latino aquí en América? [Voy a intentar dar mi humilde punto de vista desde la óptica de un recién llegado y obviando la precariedad laboral, un racismo rampante y la demonización del extrañero típica en tiempos de crisis]

No voy a negar que el tío Sam exija al migrante que llega una cierta integración a costa de tus señas de identidad: en mi caso sigo batallando porque no me quiten el acento de mi apellido, habida cuenta que hay un buen número de palabras en su idioma (fiancé, café, résumé,…) que utilizan «esa cosa que pones encima de la letra» como dirían mis estudiantes. Sin embargo, tengo una ligera impresión de que este país asimila la diversidad cultural de una manera mucho más permeable y dinámica que en la vieja Europa. Tres ejemplos:
• Los paneles informativos y el etiquetado de productos te los encuentras en inglés y español por todos los lados.
• El espectáculo del descanso de la Superbowl (o supercuenco si quieres quitarle glamour) de este año fue protagonizado íntegramente por artistas de la comunidad latina. Recordad que estamos hablando del epicentro del show business deportivo de este país.
• Échenle un vistazo al «Pago de alivio por el impacto económico» 👇👎

Esto del pago de alivio es la traducción de «payment» por la que han optado en la Casa Blanca a la hora de anotarse un tanto entre la comunidad latina de cara a la cita electoral de noviembre. Lo que ha hecho Trump es enchufar a todo trapo la máquina de imprimir dinerito para repartir billetes a todos los hogares cuyas personas ingresen menos de setenta y cinco mil dólares y como buena parte de esas familias son latinas, tuvo la deferencia de mandarles la carta también en español, por si no sabían con exactitud de dónde venía la pasta. Este dinero no me llegó a mí, no porque gane más de esa cifra, sino porque no soy residente (tampoco es que me encuentre en situación de necesidad, que yo sigo trabajando a tiempo completo desde casa). Esta carta le llegó a un compañero jubilado, quien por cierto me dijo lo mismo: yo cobro mi pensión y no tengo necesidad de este dinero; haría más falta en otros bolsillos. Y es que la cobertura social de esta crisis está levantando ampollas aquí (imagino que como en todos los lados). Otra crítica que he oído es lo del complemento a la prestación por desempleo: no sé si viene del gobierno federal, del estado o de dónde, pero ya he conocido dos personas que han optado por no volver al trabajo porque están ganando más en el paro gracias al incremento extraordinario de seiscientos dólares que reciben sobre lo que normalmente les hubiera correspondido. Muy controvertido todo, la verdad.

Sí, lo sé: me he vuelto a ir por los cerros de Úbeda. Todo esto venía por el escrito bilingüe que llegó a todos los hogares estadounidenses con derecho a este dinero extraordinario. Vuelvo al tema. Esta carta presidencial es un ejemplo de la incorporación del español a las vidas de las personas de este país (está claro que de manera interesada, pero no deja de quedar incorporado). Me quiere sonar de cuando estudiaba traducción haber visto la página web de la Casa Blanca en ambos idiomas también, aunque ahora no la encuentro. Y es que la impresión que me deja este país es que no hay una política lingüística tan potente como en Europa. Aquí el influjo hispano se materializa de manera más «casual», sin decretos ni regulaciones. La gente pone su cartel o su producto en dos idiomas porque así lo estima oportuno y cada vez más distritos escolares apuestan por el bilingüismo por lo mismo, pero no por una normativa determinada. Insisto que es mi impresión, impresión que dejo en este diario, y diario que hago público por si a alguien le puede resultar interesante leer; pero como pensamiento que es, es objeto de ser criticable. De hecho, los comentarios que se encuentran aquí debajo están abiertos para datos, opiniones o ideas en sentido contrario, lo mismo que los botones pa compartir en las redes sociales.

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