AmÉrica diversa (números)

En la entrada que escribí el fin de semana del Día de los Caídos ya imaginaba que hablaría de la obsesión de esta gente por cuantificar todo. Lo que no me imaginaba es que tendría que volver a mencionar al niño de Teruel que se iba a la piscina de Fuentecerrada porque no encontraba «ni panchitos ni cubanos». Ha habido turolenses que han mostrado cierto malestar al escuchar a este niño. Reconozco que en enlace está un poco forzado en una página que habla de enseñar español en un pueblo de Estados Unidos y espero que este corte de un programa de humor se entienda con lo que es: con humor. (Yo nací en Zaragoza, pero el cincuenta por ciento de mis antepasados vienen de ahí y procuro pasar el mayor tiempo posible en el pueblo de mi padre; vivo y siento esa provincia como parte de mí) No obstante, ya que la cosa hoy va de numerar personas, me he entretenido en buscar el número de migrantes que vienen de Cuba, disponilbe en la página web del Instituto Aragonés de Estadística. Y ya que estoy voy a hacer un roncho en rojo para destacar a esa persona que procede de un país sin relaciones diplomáticas y que se encuentra también en Teruel, por si alguien que conozca algo África me ayuda en descubrir de qué país se trata:

Fuente: Instituto Aragonés de Estadística

Como veis, toda la comunidad cubana de la provincia cabría en la piscina infantil de Fuentecerrada, de ahí que el sesgo demográfico sea bastante curioso cuanto menos y merezca su atención en este diario. Pero no va a ser hoy, porque ara toca encarar un temita dentro de la «saga» AmÉrica diversa, a ser posible con cierto rigor arrojando datos y sin levantar muchas ampollas (no por lo de Teruel, sino porque resulta casi imposible la objetividad y no herir sensibilidades cuando se tocan temas como la identidad y los sentimientos. Pero antes, un poco de contexto:

Un recién llegado a Estados Unidos se encuentra con que las gentes del lugar poco menos que se lo imaginan llegando a clase con el poncho y el sombrero; situación recurrente hasta el punto de que ayer mismo nos volvió a salir el tema en una pequeña conversación que tuvimos otra profesora visitante en Kentucky y yo con dos Hoosiers en las Clifty Falls, parque natural muy recomendable en el sureste de Indiana, que tenía en pendientes y que hace justo dos meses temía no poder llegar a visitar 👇👇👇

(Espero dedicar tiempo en otra entrada para hablar de Madison y/o del Día de los Caídos -cuya traducción en masculino no es banal- con su desfile de Jeeps cada uno luciendo una cola de barras y estrellas tamaño plaza de Colón y los cementerios car friendly trasegados -en uno que vi de camino, la familia había dejado la pickup prácticamente aparcada prácticamente encima de la persona fallecida)

El caso es que el mozo que estaba haciendo fotos cerca nuestra nos contó como un español que curraba con él odiaba que le dijeran mexicano, a lo cual le comentamos que no era algo nos llegara a molestar. Para ser honesto, a mí sí que me fastidiaba un poco al principio y me sigue costando a la hora trabajar la geografía de nuestra lengua (cualquier día cojo el mapamundi y recorto e intercambio Brasil por España). Ahora bien, mi asimilación latina dio un vuelco en el Pepsi Superbowl Halftime Show, cuando se me caía la lagrimica viendo a mi Shakira y a J.Lo en tol cogollo del show business estadounidense (mención alparte para el vestuario del conejo malo, descrito por una alumna de Milan como el señor que parecía un frigorífico… RESPECT). Al mes siguiente de la Superbowl llegó mi siguiente episodio identitario en forma de carta. Se trataba del censo que se hace una vez cada diez años y que justo me ha pillado aquí… I’m feeling lucky. En la encuesta figuraba la siguiente pregunta:

Censo 2020. Gobierno de América

¡A ver si va a ser que el niño de Teruel había seguido una metodología similar a la de la Oficina del Censo de los Estados Unidos! Lo que está claro es que en ambos casos estamos ante una forma de trillar los números y estadísticas de la manera que siempre hacemos: la de arrimar el ascua a nuestra sardina. Y es que esto del censo debe (de) ser gordo porque mi superintendente (la directora de los directores de las escuelas que forman el distrito escolar) remitió un correo explicándonos «que nuestra financiación para los próximos diez años depende de la información que se obtiene en el censo de este año, lo cual incluye subvenciones para programas, educación especial, becas de comedor escolar, tecnología, formación del profesorado,…» [Por cierto, la denominación «fin de semana del día de los caídos» que aparece al principio de esta entrada también viene de la misma remitente]

Otra curiosite de las opciones que nos daban a elegir, esta vez en cuestiones raciales:

Ya sin entrar en la amplia gama que hay en Asia o que los orígenes hispanos no sean razas, ¿se han fijado que Egipto y Líbano están en la misma casilla que Alemania, Irlanda, Inglaterra o Italia? ¿Será por Marco Antonio y Cleopatra? ¿Quizás por la proximidad al Cáucaso?

Por mucho que digan las matemáticas, el orden de los factores en política y gobernanza sí que altera el producto. En este caso, yo me quedé pillao con el orden en el que dispusieron los ejemplos para la casilla de White, así que me entretuve goojeando a ver que encontraba (cosas del #stayathome). Y aquí llegó la sopresita:

Census-2000-Data-Top-US-Ancestries-by-County.svg
Public Domain, Link

Ni inglesas, ni irlandesas, ni italianas. Yo creo que aquí Gary Lineker diría de estas estadísticas que son un juego en el que muchos hombres buscan la pelota y al final siempre gana Alemania. Si se aburren pueden ir a https://en.wikipedia.org/wiki/Race_and_ethnicity_in_the_United_States y buscar el apartado de la 2015 American Community Survey para ver los porcentajes detallados según antepasados (¡Alemania casi 15%!) . Si se aburren mucho pueden buscar el número que aparece en cursiva en la tabla mostrada en ese apartado, que también tiene su miga. Y si su aburrimiento alcanza límites insospechados, como así me pasó a mí durante el confinamiento, pueden incluso ir a las referencias de dicho apartado (las famosas fuentes en Wikipedia) y encontrar cosas tan curiosas como que dentro de las personas con antepasados en Francia se ha excluido deliberadamente a las de las provincias vascas. Me pregunto qué habrá hecho la Oficina del Censo con esta gente, si habrá una casilla que ponga «aizcolari», si piensan que Mc Giver completó su faena, o si finalmente se han dado cuenta de que uno de Bilbao nace donde le da la gana.

Chascarrillos al margen, queda pendiente comentar esto de que haya más de cuarenta y seis millones de personas en este país con raíces germanas (tantas como hay en toda España). Pero esto será en la siguiente entrega de AmÉrica diverta.

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