Cosas que no echaré en falta cuando me vaya de Estados Unidos (parte I)

Este parte ha quedado dividido en dos por motivos cronológicos. La primera parte, que es en la que estáis, fue escrita el nueve de noviembre de 2020. El enlace a la segunda parte se encuentra al final.

Hoy he terminado el día con ganas de abrir entrada en el diario. Ya hace meses que abrí temática parecida, pero en negativo:

En cierto modo, ambos hilos se entrelazan desde distintos nudos y hasta diría yo que se contradicen en algún momento. Pero bueno, qué más da. No tiene sentido a estas alturas de la película autocensurarme o deshacer entradas anteriores. Qué seríamos si no fuera por nuestras contradicciones…

Echar en falta o no; todo viene de uno de Torrecilla, que en una de esas gloriosas noches de Catán me propuso la idea de contrastar países escribiendo sobre cosas que puedo encontrar en un lugar y no en el otro. Si me pusiera riguroso, tendría que matizar diciendo que lo que voy a contar hoy no es tan distinto en Europa. Lo que pasa es que en Estados Unidos está sobredimensionado, bien sea porque aquí todo es a lo grande, o bien porque se trate del modo de vida «americano» que se va imponiendo poco a poco al otro lado del Atlántico y que todavía le falta un pelín pa que esté bien cuajado.

Navidad antes del adviento

El detonante de este artículo ha sido cuando me he ido a pasear por mi pueblo esta tarde en camiseta y pantalón corto y me he encontrado con el arbolito de navidad ya plantado. Ha sido entonces cuando mi cerebro ha hecho toma a tierra. ¿Calorcito y árbol de Navidad? 🤯 A parte del otoño calentito que nos deja 2020, había algo más que no cuadraba en mi cabezuca. No hace ni diez días que teníamos las casas adornadas para Halloween y ya de repente Navidad.

Me he acordado de unas fotos que saqué en mi calle con el antes y el después de Halloween.

Lawrenceburg, octubre
Lawrenceburg, noviembre

Lo que me llamó la atención al principio fue el que dejaran el ataúd puesto, bien porque querían honrar también el día de difuntos cristiano, bien porque alguien tenía que venir a recogerlo. Lo que ahora me llama la atención es que al día siguiente de Halloween el espumillón decore las farolas de la calle, al igual que los típicos copos de nieve estrellados y el mencionado árbol navideño.

Esto no para

En mi cabeza lleva tiempo retumbando la canción de Javier Ibarra, y aunque esto no vaya de guerra entre pueblos, sí que creo que resume bien el espíritu de este cambio frenético de decorado ¡Macho, esto no para!

Las grandes superficies tienen sus estantes de temporada siempre listos para la siguiente temática y los pequeños comercios su rincón en el escaparate para conjuntarse con el establecimiento vecino. Después de la vuelta al cole llega Halloween, después de Halloween llega la navidad, después de la navidad llegan los enamorados, después de los enamorados llega san Patricio, desp….. para, para ¡Que para marzo nos mandaron pa casa y no pude ver la siguiente temporada!

Para todos los públicos

Esto de las temáticas trasciende los comercios y las fiestas. En el instituto no hay semana que no haya algo distinto. Si no es por algún evento deportivo, es por algún otro motivo. Bien es cierto que a nivel escolar determinados días o semanas son por una buena causa o tienen un efecto positivo: encuentro bonito el que un día al semestre se paren las clases antes para recibir al equipo del instituto y se haga piña en torno a la identidad de la escuela o del pueblo, intentando que prime el juego limpio y la rivalidad sana, lo cual por cierto resulta muy complicado de saber gestionar (habrá quien me diga que esto último es un oxímoron, lo sé) También me parece interesante que se fomenten hábitos o propicien actividades para recaudar fondos para combatir el cáncer de mama, o implementar becas locales.

[Esto de las becas lo dejo para otro parte, porque es para alucinar lo que se suda para poder pagarse los estudios universitarios. Te encuentras a adolescentes de quince años sirviendo en restaurantes para aligerar su futuro préstamo universitario; y que una vez acabada la carrera querrán quitárselo de encima cuanto antes, no sea cosa que les condicione el acceso a una hipoteca]

En defensa de lo cotidiano

Personalmente desde mi persona y personalidad, lo que más me preocupa de todo esto de la hiperactividad temática es que estamos asumiendo como necesidad el vivir en una novedad constante, haciendo de nuestra existencia una montaña rusa que tiene que dar vueltas sin parar si no queremos morirnos del asco. El nuero de Marx defendía el derecho a la pereza frente al derecho al trabajo. Hoy en día hay alegatos también en favor del aburrimiento, en buena medida como respuesta a esa cultura de consumo aglotonado de ocio. Yo, desde aquí, quiero reivindicar lo ordinario frente a lo extravagante, la planicie frente a la montaña rusa, lo cotidiano frente a lo extraordinario.

Otro día continúo desarrollando esta tesis, que ahora os tengo que dejar. Voy a mirar el correo del curro y adelantar unos papeles pa mañana, a ver si tengo al jefe contento y me aumenta el sueldo y/o me da unos días libres para las vacaciones de navidad.

En Lawrenceburg, a nueve de noviembre de dos mil veinte

Postdata: Como ya comentaba al principio, he dividido el parte en dos. Aquí tenéis la segunda parte:

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