Cosas que no echaré en falta cuando me vaya de Estados Unidos (parte II)

Lo que van a leer a continuación es mi autorrespuesta a este parte (conviene leerlo antes de empezar a leer este):

Causualidades de la vida, la entrada que escribí al principio de esta semana se quedó en el tintero. Únicamente han hecho falta cuatro días para tener que sacar un contraparte a todo lo que escribí anteriormente. El motivo es el siguiente: https://www.elespanol.com/social/20201112/lluvia-criticas-bandera-espana-iluminara-navidad-madrid/535197539_0.html

El alcalde de Madrid ha vuelto a mear fuera de tiesto y a mí me ha roto el argumento que dejaba en la entrada de ayer. ¡Yo que ya me veía recogiendo el Premio Presidente de la República (anteriormente conocido como Princesa de Asturias) de Ciencias Sociales con mi tratado socológico!

Iluminados para consumir

No obstante, el título de ambas entradas me vale tanto para lo uno como para lo contrario: esto de crear una atmósfera en las calles para que alegrar el consumo es algo que no echaré en falta cuando vuelva a Zaragoza. Ya se ha encargado el alcalde Jorge Ascón de aumentar un setenta y cinco por ciento (cincuenta millones de las antiguas pesetas) el presupuesto para las lucecicas. ¡Con un par de huevos, sí señor!

Si al principio de esta semana escribía que aquí en Estados Unidos aceleran todo para que el ritmo no decaiga, después de comentar la jugada en el instituto ya no me queda tan claro que esto de adelantar la decoración navideña sea algo que den por sentado. Tampoco tengo claro qué es lo que lo ha precipitado, pero casi me atrevería a decir que la CoViD ha vuelto a marcar los tiempos. Los números de infectados asustan y todo el mundo da por sentado que Acción de Gracias (eso que vemos en las películas donde toda la familia se reúne para comer pavo a finales de noviembre) y el Black Friday no van a parecerse en nada a lo de otros años. Y al otro lado del Atlántico todo apunta a que en el ambiente se respira algo parecido. Que el espíritu no decaiga, que hay que intentar salvar la navidad. No sé yo…

Miscelánea

Haciendo honor a elparte.com de los viejos tiempos, y ya que estamos con el tema de cosas que no echaré en falta, voy a aprovechar para soltar un batiburrillo de ideas por aquí.

En primer lugar soltaré la chapa política, que tarde o temprano tenía que llegar. Cuando cierre el chiringuito aquí y me vuelva a España estoy seguro que no echo en falta esa derecha populista que Trump y Bannon han elevado a lugares inimaginados hace diez años. La derrota de Trump en las elecciones supone un cambio en la presidencia de este país aunque siga habiendo un viejito blanco en el poder (e igual o más militarista que el anterior). Sin embargo el movimiento crece, tanto en la superficie electoral (en forma de número de votos) como en las capas freáticas de la sociedad. Basta con que otro Trump en 2024 (si no es él mismo) sepa dónde perforar con las redes sociales para que esas aguas rancias vuelvan a salir a borbotones. Prefiero aplaudirle la vacuna y que se vaya tranquilo a jugar al golf, antes de que siga dando por culo en Twitter. De que no lo eche en falta cuando vuelva a SSpaña, tanto por sus tuits como por sus no tuits, ya se encargará Abascal:

Tampoco creo que eche en falta esa vorágine escolar de la que hablaba en el parte anterior. Continuamente me hago la misma pregunta que esta mujer:

¿Ande vamoh, zeñorita? ¿Ande vamoh?

Y es que dudo mucho de que cuando vuelva a un aula en Aragón, pueda retomar el clásico esquema de corregir deberes – explicar temario -práctica; corregir deberes – explicar temario – práctica;… Cada vez más la muchachada reclama que las clases sean como los TikTok: veo algo rápidamente y paso al siguiente. El esquema modelo que me propuse aquí allá hace un año era el 3,2,1,0 / o,1,2,3; ya que las clases son de 46 minutos y se pueden dividr en bloques de entre diez y trece minutos. De esta forma hay sesiones que empiezo explicando la teoría a saco para luego pasar a una práctica más lúdica y finalmente dejarlos hacer los deberes. Los diez últimos minutos son para que yo se los dedique a estudiantes que presentan dificultades en la materia (si has terminado la faena de mi asignatura, puedes dedicarte a otra cosa). Otras sesiones (sobre todo aquellas en las que se jura lealtad a la bandera y se escuchan los anuncios del día; las que son después de comer; o en las de los más peques [13/14 años] pueden ir al baño al inicio de la clase) empiezan relajadas (trabajar con duolingo, apuntar lo que les dejo en la pizarra, lectura individual sin apenas monitorización) y terminan en alto. Ni las unas ni las otras contienen más de un cuarto de hora de instrucción de nuevos contenidos. Bien es cierto que en las clases más avanzadas puedes permitirte el lujo de dar alguna «clase magistral», pero tampoco esperes grandes resultados. Curran en un supermercado, te sacan dos cabezas, conducen coches el doble de grandes que el tuyo, y no darán mal mientras explicas los usos del pronombre se, pero no habrá más de tres que sean capaces de prestar atención y asimilar lo que estás explicando durante un tiempo prolongado. Para muestra de las mini-less-ons, un botón:

En Lawrenceburg, a catorce de noviembre de dos mil veinte

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