De mis dos periodistas de referencia a las cooperativas de mayores

¿Quién ha pensado en mujeres cuando ha leído el título? Si lo habéis hecho, os habéis colado. Mis dos periodistas favoritos son Javier del Pino y Carles Francino. Sí, son de la SER, ¿qué pasa? He mamao la SER desde que tengo «uso de razón». Me crie en una época en la que apenas había pantallas y la banda sonora de mi casa era la 873 de la onda media entre semana y los vinilos el finde, así que no es casualidad que los dos trabajen para el grupo PRISA. De Carles Francino ya comenté algo el otro día: https://elparte.com/de-lo-humano-lo-virico-y-lo-divino/

Pero hoy es el turno de Javier del Pino. ¿Por qué aparece esto en un supuesto blog de un visitante en Estados Unidos? En primer lugar, porque hoy he caído en la cuenta de algo: entre los avatares de mi vida, este periodista es «bastante culpable» de que yo haya terminado in the USA. [Vamos a suponer que la culpa puede tener un significado positivo y que alguien puede serlo bastantemente; lo cual es mucho suponer si nos ponemos la toga]

 Las personas interesadas en ello deberían escuchar este audio a partir del minuto treinta y cuatro, que es cuando lanza la pregunta ¿qué clase de viejo seré yo?

A VIVIR QUE SON DOS DÍAS: Otras formas de vivir la vejez más allá de las residencias (19/04/2020)
https://play.cadenaser.com/audio/1587284010_791423/

A partir de aquí intentaré comentar el audio como si no se hubiese escuchado. No prometo gran cosa…

Lo primero de todo voy a intentar poneros en situación con el tema de los apartamentos o condominios, que son las palabras que se utilizan en Estados Unidos para los pisos de alquiler, sin necesidad de que estos sean pequeños. Aunque no es mi caso (yo vivo en uno encima de locales comerciales), aquí buena parte de los pisos de alquiler se concentran en bloques o vecindarios donde nadie tiene el piso en propiedad. No sé cómo será en grandes ciudades u otros lugares de Estados Unidos, pero tanto los que yo miré para mí en su momento como los que he ido viendo de cuando me invitaba la gente a sus casas, todos se encuentran en estas zonas destinadas al alquiler de apartamentos. Esto abarcaría desde Covington (KY) hasta Batesville (IN), a unos veinte minutos de Milan dirección Indianápolis, cuya zona de apartamentos que visité, por cierto, recibe el sobrenombre de Little Mexico. [Ahí fijo que no hubiera tenido problemas con el idioma]

Yendo un poco más al grano: desde que una compañera del curro me preguntó por los apartamentos en Lawrenceburg, comencé a ver muchos carteles de alquileres en mis interminables paseos contemplativos [cosas de la atención selectiva imagino]. La verdad que me sorprendió un poco la gran oferta que había en el mercado para un pueblo de estas dimensiones y en una zona con tan baja densidad de población y presión demográfica como el sureste de Indiana. Dada mi sorpresa, procedí a detenerme en estos edificios para leer los cartelicos y saciar un poco mi curiosidad.

[Básicamente lo que pone es que estos estudios se alquilan en función de la renta para mayores de sesenta y dos años o personas con discapacidad]

Estos paseos contemplativos de los que os hablo se producen la mayoría de las veces sin el móvil en el bolsillo y de una manera bastante deambulatoria, así que hasta que no me ha dado por buscar en Goooooogle «seniors apartments lawrenceburg indiana» mientras escuchaba el programa de Javier del Pino, no he caído en la cuenta de que uno de ellos se encuentra al final de mi calle. La gente veterana del blog quizás recuerde algo que también hay justo ahí [¡la casualidad!].

Delante, los apartamentos para seniors; al fondo, el casino

Para ir terminando y no liarme yo ya más de lo que suelo hacer, os voy a transcribir el corte de la radio que ha hecho el clic en mi cabeza con el tema de estos apartamentos «raros» que tengo aquí al lado:

Hay este formato de la vida asistida, que es hacerle creer a esa persona mayor que es absolutamente independiente y capaz de llevar una vida sin que nadie la ayude, pero en realidad está ayudado. […] Imagínate un edificio con pequeños estudios, de cuarenta o cuarenta y cinco metros, con tu cocina, con tu cuarto de baño, estudios mejor amueblados y más bonitos. […] Ahí esas personas tienen la sensación de ser independientes. Sin embargo, en ese mismo edificio, por supuesto, hay médicos permanentemente, hay enfermeros, hay gente que hace comidas si es necesario.

Javier del Pino en A vivir que son dos días del 19 de abril de 2020

Al hilo del tema introduce a un arquitecto de Valladolid involucrado en estos temas y a un cooperativista de espacios cohabitacionales [¡cuánto «co» sin ser maño!]. También se mencionan cosas tan curiosas como que hay ciudades de ancianos en Florida [WOW], que el precio del suelo y de la construcción en Estados Unidos es mucho más barato, o que «en el modelo americano se socializa mucho en esa edad en torno al alcohol» [Juan José Millás apunta más alto y no descarta pasarse a la heroína… ¡Ou mama!]

Si ya de por sí me encantaba escuchar estas cosicas en Zaragoza, imaginad ahora que estoy sobre el terreno. No obstante, tengo que decir que soy un recién llegado a estas tierras y que posiblemente me falte perspectiva para poder generalizar con un país de más de tres cientos millones de habitantes y el doble de tocho que la Unión Europea, así que no dudéis en dejar vuestros comentarios contando experiencias sobre la búsqueda de vivienda o si conocéis algún otro proyecto de cohousing, ya sea para jóvenes o para mayores. Me parece un tema muy interesante y más en estos tiempos que corren, en los que nuestro hogar adquiere tintes de prisión y las personas de avanzada edad se encuentran en el ojo del huracán.

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