El CoViD con toques republicanos (parte 2)

Anteayer comenzaba a hablar del virus con toques republicanos, comparando cómo estaba el tema de la mascarilla en mis dos hogares: las Little delights de Zaragoza con el Southeast of Indiana:

Por cierto, no debo ser el único que utiliza Zaragoza y su barrio de Las Delicias para sus publicaciones. Este es el recorte de periódico que me pasó un compañero de aquí ya jubilado:

Washington Street Journal del veinticuatro de agosto de dos mil veinte

Básicamente, el artículo cuenta como a España le ha pillado esta nueva oleada por sorpresa y como no podía ser de otra forma, nos lo relatan desde Zaragoza, epicentro de la pandemia, y hablan de mi barrio, epicentro del epicentro de la pandemia. No sé si es deformación profesional, que me encuentro lejos de mi barrio o que la semana pesa, pero el artículo está bastante bien y resulta muy interesante «escuchar la mirada del otro».

[A estas alturas de elparte.com no creo que nadie se sorprenda que soy muy fan del diálogo entre culturas, el intercambio de creencias y el enriquecimiento interior a través de las palabras que vienen del exterior]

Si me aburro este finde, igual retomo lo de traducir artículos de periódico. Mientras tanto, aquí va un pequeño anticipo:

Muchos de estos temporeros pasan por el barrio de Las Delicias, donde la densidad de población y las pobres condiciones de vida forman un caldo de cultivo idóneo para el virus […]

Muchos residentes de Las Delicias son reacios a realizarse las pruebas, cuenta la trabajadora social y rastreadora Lorena Jiménez. Esto se debe a la falta de trabajo estable y que no quieren ponerse en cuarentena. Una residente de Las Delicias, Mireya Castillo, cuenta cómo perdió su trabajo como limpiadora después de que diera positivo a finales de julio. Estuvo en cuarentena durante un mes y sigue sigue sin trabajo.

Washington street journal, 24 de agosto de 2020 (página 8)

Yo creo que no se puede retratar mejor la hipocresía de occidente en tan pocas palabras: Mandamos a los no españoles (o incluso en algunos casos, a españoles de segunda por el color de su piel) a que hagan las faenas que no queremos hacer y luego, si te he visto, no me acuerdo. ¡Qué penica!

Centrémonos mejor en lo de la mascarilla y el modus operandi por la zona de Estados Unidos en la que vivo. Si hicisteis los deberes del parte anterior (echar un vistazo a las actividades al aire libre, situación en la que la mascarilla debe llevarse pero el no usarla no supone multa), habréis visto que hay de todo: mercadillos, yoga al aire libre, conciertos, etc. Y lo que os comentaba en el anterior parte: el ser humano sigue la máxima de que si no hay sanción parece que no haya obligación, y la mascarilla ni se ve, ni se la espera. Por ejemplo, los conciertos del jueves por la tarde están tan abarrotados los espéctaculos que hacía en el equipo de animación por la noche en el hotel familiar de Mallorca en el que trabajaba: todos sentadicos (se traen la silla de casa) y sin mucho barro ni ajetreo. Los corrillos no guardan la distancia de seguridad, pero tampoco es que haya mucho contacto salvo en alguna canción que se vienen arriba (hoy por ejemplo se han venido muy arriba cuando despedían el ciclo de conciertos y han terminado con el God Bless America con toda la audiencia en pie) Les dejo imagen del concierto de anoche, cuyos encargados de cerrar ciclo fueron Brass Tracks, una banda tributo a la música de Chicago:

Desde mi lógica europea, en la que los estados actúan, ordenan e influyen con gran efectividad y de manera casi inmediata sobre la vida de los ciudadanía, aún puedo llegar a entender lo de que nadie lleve la mascarilla en estos conciertos tan poco agitados. Pero esta lógica se me derrumbo el sábado, cuando vino un artista country, se ve que muy conocido. Sábado de una noche de verano, buena música, buen tiempo,… Imagínense. Seguía habiendo gente con su sillica marcando distancia, pero los aledaños del beer garden (que en este caso era la barra para beber cerveza y poco más) me recordaban a aquellos conciertos y verbenas míticas de Delicias, pa empezar, porque nadie llevaba mascarilla (yo al final me sentía raro con ella). Pa continuar, porque las prácticas de higiene e distanciamiento social eran inexistentes: selfies de grupos apretujados, bailes agarrados entre desconocidas, personas portando vasos a su grupillo haciendo pinza con los dedos por la parte de arriba,… Lo que más gracia me hizo es la pulserita que te ponían para entrar a pedir a la «zona de cervezas»

Si se fijan, mi número de pulsera es el 1230, lo cual significaría que habían entrado ese número de personas a comprar alcohol en un beer garden «acotado». Mención especial para el lema de Budweiser: bebe más sabiamente.

Salí del concierto con un cuerpo mezclado entre la euforia propia de un concierto y la preocupación que caracteriza estos tiempos. La semana anterior ya había estado en una feria en Kentucky que no estaba tan concurrida, pero que también recordaba bastante a 2019 y no a 2020. Véase este enlace: Dragones y mazorcas

Pero he aquí lo flipante. Ha pasado ya casi un mes desde que volví y, si bien la vorágine de inicio de curso no me ha permitido mirar muchos los datos de coronavirus, cuando lo hacía, no me parecía que los datos fueran alarmantes. De hecho, si tenemos en cuenta «la cierta normalidad» con la que nos movemos por aquí, con las aulas funcionando desde hace tres o cuatro semanas (cada distrito elige su calendario), casi diría yo que los datos son bastante aceptables. Estos son los datos de los condados de Ripley, donde trabajo, y Dearborn, donde vivo:

Como dicen siempre, los datos hay que tomarlos con cautela, pero es que además de las gráficas de arriba con el número de contagios, el número de muertes registradas en los últimos tres meses es cero. De verdad que yo ya no sé que pensar. Dejo abierto la serie de entradas «El CoViD con toques republicanos» por si me da por sacar mi lado más virólogo cuñado que llevo dentro (no confundir con cuñado virólogo). Mientras tanto, sólo se me ocurre desearos mucha Salud y un poco de República, por favor.

Edito para dejar el enlace al último parte de esta serie, donde efectivamente saco mi lado más cuñado:

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