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Indiana Dunes y la ciudad perdida (parte 1)

Después de una serie de partes delicados a la nueva normalidad, creo que toca volver a una de las aristas que dieron forma a mi salto a las Américas: los viajes. No obstante, dejo el enlace a la etiqueta FAQAlfredo por si alguien quiere echar una vistazo a mis Alfredadas sobre el coronavirus, sobre mi barrio y sobre cómo llevamos lo de las clases por aquí: https://elparte.com/categoria/faqalfredo/

El puente del Primero de Mayo en septiembre

Vuelvo a los viajes porque por fin he podido hacer una escapada de fin de semana completa. El principal motivo es porque tuvimos puente con motivo del día del trabajo. Sí, lo han oído bien, aquí el Primero de Mayo hay que currar y en su lugar plantan un día del trabajo descafeinado como festivo el primer lunes de septiembre. Sobre esta paradoja (la de que el país donde acontecieron los hechos que hacen que celebremos el Primero de Mayo en el resto del mundo, pero que ellos lo hagan en septiembre) ya di buen parte en esta entrada:

Parte que por cierto aludía a las reivindicaciones docentes aquí en Estados Unidos; tan denostadas en la península ibérica, o por lo menos en Aragón, que es donde yo he vivido la desmovilización absoluta del colectivo docente ¡Cómo nos gusta cobrar nuestra nómina entera y no hacer huelga, pero luego despotricar en la sala de profesores (en masculino plural, porque somos los más bocachanclas!

Viajar ensancha el alma (aunque a mí el frío me la encoge)

Vuelvo al tema viajes y dejo la bilis pa otro momento, que para eso me vino el puente de septiembre como agua de mayo (mira que estoy acostumbrado a dejarme la lomera en agosto después de varios años currando en hostelería, pero este mes de agosto ha sido casi como empezar de cero otra vez en los estados unidos) Mi objetivo era claro: tirar pal norte antes de que haga frío. Llevaba tiempo con la mirada puesta en las Dunas de Indiana, un parque estatal que el año pasado recibió el estatus de Parque Nacional, ubicado en el norte del estado de Indiana y a orillas del lago Michigan. Tiene caminicos para andar por las dunas y unas playas bastante decentes. Les dejo el mapa interactivo que preparé a propósito de mis escapadas por el río Ohio, para ubicarnos en el espacio:

 

Las que me hayan ido siguiendo en la aventura de mi diario notarán que este mapa iba en una entrada dedicada a mis paseos por el río Ohio. Touché: me he salido de la cuenca de este gran río, pero en mi defensa diré que seguimos dentro de la temática fluvial y no marina, por mucho que los grandes lagos estadounidenses parezcan auténticos mares (con la diferencia de que cuando tragas agua no parece que estás chupando un terrón de sal)

Diario de ruta. Objetivo: la playa

Para llegar a la otra punta del estado de Indiana tenía muchas opciones, pero a la ida elegí la opción de carreteras secundarias, buscando de manera bastante aleatoria un pueblico grande para hacer una parada intermedia de rigor en mis más de cuatro horas de viaje. Elegí Kokomo por el nombre, porque me hizo gracia. Sin embargo, resultó ser una parada perfecta por tres motivos:

  • Kokomo es sede de la IU (Indiana University), así que me resultó fácil encontrar un lugar para descansar en un espacio verde abierto mientras me comía mi bocata. El hecho de parar en un campus universitario me recordó a cuando Fernando y su familia me llevaron a visitar el campus de la UK (University of Kentucky) en Lexington justo un año antes. Por lo que vi, tanto en 2019 como en 2020, parece que este puente es el elegido por las fraternidades y sororidades para hacer sus reclutamientos y de verdad que me quedé impresionado de cómo había cambiado el panorama de un año a otro: mascarillas en todos los rostros, congregaciones de estudiantes muy difuminadas y un ambiente muy poco festivo (para el que quiera despotricar contra la juventud, dejaré la duda de si de puertas adentro la muchachada se comporta igual; aunque me pregunto si dicha actitud es propia de jóvenes incautos que pasan del coronavirus o al final es el modus operandi de hoy en día: que no me vean echando el humo de mi cigarro en la calle, pero luego en casa ya organizaré saraos privados en los que nos seguiremos agarrando y besando para recordar viejas canciones)
  • Donde hay universidades, no sé por qué, pero hay buen café, y aunque Kokomo no sea una ciudad grande, tenía varios cafés donde poder pedir un espresso en condiciones y no conformarse con el aguachirri que beben aquí (el vocablo es de mi señora madre cafetera). Eso sí, el café en los vasos estos de cartón con tapa y para llevar, que no había servicio en el local, por lo de la pandemia, ya tú sabes.
  • El tercer motivo es por esta foto, que no tiene precio:
¿Existen las casualidades?

En un principio quería guardar la imagen para una entrada dedicada a la gastronomía, pero como el tema ni es mi fuerte, ni tampoco se me ocurre mucho que decir al respecto, la dejo aquí ya para deleite del personal. No se olviden que la imagen está tomada en Kokomo

Acercándome a la ciudad del viento

Lo de evitar autovías tendría que ser obligatorio para cualquier viaje en carretera que se precie. Por el camino uno aprecia lo que es la zona por la que te desplazas, para bien o para mal: se puede llegar a disfrutar atravesando maizales infinitos y fijarse los carteles de las distintas plantaciones, que no se si refieren a las variedades, a nombres que le dan, o a categorías al estilo denominación de origen; se puede sentir el republicanismo trumpista con los carteles de apoyo plantados everywhere; te puedes perder o verte en una caravana a diez millas por hora esperando a que el tractor salga de la carretera; y al estar en campo abierto, te das cuenta de por qué a Chicago le llaman la ciudad del viento (ciudad ubicada a apenas una hora de mi destino)

Conforme me aproximaba a las Dunas de Indiana, el tráfico se hacía más denso; y eso que con tanta parada, deleite y carretera secundaria, llegué a una hora nada prudencial. El atasco para entrar era considerable, y efectivamente lo noté cuando intenté encontrar un hueco en la playa para plantar mi toalla (como viejoven que soy, me resigno todavía a ir a la playa con la sillita plegable). Las playas que conforman las dunas del norte de Indiana a orillas del lago Michigan no serán Miami, pero el ambientazo era espectacular. Además, el español era el primer idioma con diferencia y me encantó ver a familias mexicanas rodando la barbacoa portátil por la arena, con sus camisetas y balones de soccer, y con Ska-P sonando a todo trapo. Lo que yo no entendía era como llegaban tan tarde, si el sol se echaba pronto y la cena aquí es a las seis de la tarde. Intenté apurar lo máximo posible para ver hasta cuándo aguantaban todos estos grupos, pero al final desistí para buscar un atardecer digno del momento. Iba buscando una liquor store para comprar una cerveza acorde al atardecer, y casualidades de la vida otra vez, terminé colándome medio sin querer en un espacio que no era privado, pero cuya zona de aparcamientos era solo para residentes. Me dio apuro bajar a la playa, así que me tomé la cerveza en el capó de mi coche e intenté inmortalizar el momento a pesar de mi torpeza con las cámaras.

Lake Front Drive, Michigan City, Indiana

Eso que se ve al fondo es Chicago, tan cerca y a la vez tan lejos. Mientras me tomaba una ¿Millenial IPA?, me planteaba la posibilidad de acercarme a visitar la ciudad del viento. Al final opté por dejarla para un mejor momento, y a ser posible, con Carlos, César y Luis, quienes, paradojas de la vida, se suponía que aterrizaban allí el Primero de Mayo para pasar diez días por Estados Unidos conmigo. ¡Seguro que tenemos ocasión, compañeros!

Mañana termino elparte del viaje por el lago Michigan buscando explicación a cómo acabé cacheado de arriba a abajo a la entrada de un bar para ver si llevaba armas, a cómo la ciudad más prospera de Indiana ha pasado a ser una ciudad fantasma, y concluyendo con una pequeña parada técnica en otro parque estatal, esta vez en plena capital del estado.

EDITO: Aquí elparte segundo:

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