Gary, Indiana

Indiana Dunes y la ciudad perdida (parte 2)

Para quien no lo viera, venimos de aquí:

Nos quedamos en este maravilloso atardecer a orillas del Lago Michigan en esta playa ¿medio privada? Lo pongo en interrogante porque no llegué a indagar más en el asunto, ya que la noche se me echaba encima y no tenía donde dormir (no se si en algún momento me atreveré a dar el salto a la furgo camperizada, pero creo que me sacaría de más de una)

El virus también se va de vacaciones

Unos días antes de que empezara el puente del primer lunes de septiembre (a.k.a. día del trabajo), estuve buscando posibles alojamientos por la zona de las Dunas de Indiana y no me pareció que tuviera problemas para encontrar sitio donde dormir. Como la ruta era variable, dejé lo del alojamiento para ultimísima hora. Craso error: cuando miré el móvil todo contentico después de la maravillosa puesta de sol, me encontré con que las habitaciones disponibles por la zona no bajaban de los doscientos pavos.

Ya comentaba en el parte anterior las colas kilométricas para entrar a las Dunas de Indiana. Debí haberme olido algo de lo del alojamiento ya en ese momento, pero me hallaba embriagado por el ambientazo de la playa, que apenas he sentido en estos últimos años. Y es que al final, el virus también se desplaza cuando llega un puente o unas vacaciones. Cuando estuve este verano en Zaragoza, ya pude verlo de primera mano, al ver la ciudad vacía a pesar de haber vuelto a la fase 2 y que las autoridades desaconsejaran que saliéramos de la capital aragonesa. España se encuentra ahora en un momento crítico con un alto índice de contagios (en su mayoría jóvenes y asintomáticos), una vuelta insegura a las aulas (con motivos para la huelga más que justificados) y una incertidumbre agobiante (vaya pomada lo de los barrios de Madrid), pero cuando se trata de vacaciones, el sentido de la responsabilidad suele pasar a segundo plano (como si de vacaciones todo valiera), y con la responsabilidad social ante la CoViD-19 no iba a ser menos. Ahora toca pagar la factura de las vacaciones, y a la vista de los confinamientos selectivos vistos en Madrid, los barrios más humildes pagarán a escote.

Aquí en Estados Unidos habrá muchas contradicciones, pero por lo menos son coherentes en esto de la irresponsabilidad: Me niego a llevar mascarilla en el supermercado, me vas a decir tú a mí que me quede en casa el puente. [Conforme escribía esta última frase, me daba cuenta de lo tonto que fui al no ver venir la alta ocupación hotelera]

Donde Guguel te lleve…

Siguiendo la máxima de coger lo segundo más barato y atraído por el nombre español de la cadena hotelera, terminé alojado en un pueblito a las afueras de Gary, una ciudad relativamente grande en Indiana, pero que desconocía por completo. El hambre ya pretaba así que me encomendé al buscador de Alphabet Inc. Yo solo quería ver la NBA mientras me trapiñaba unas alitas con bien de salsa, así que busqué en Guguel «sports bar restaurant» [se está convirtiendo en la Alfredada a la Americana namber guan desde que Ryan me llevó al Buffalo Wings and Rings de Greendale, el pueblo al lado de Lawrenceburg] Cuando vi que me apareció una opción a TRES MINUTOS ANDANDO de donde yo estaba, no me lo pensé mucho (además, la carta y las opiniones que había en internet pintaban bastante bien). `Ouh mamah! El recibimiento no fue una camarera preguntando cuántos éramos o si preferíamos mesa alta o baja, sino un cacheo por parte de un portero con cara de muy pocos amigos, buscando armas digo yo. A la izquierda quedaba el restaurante y a la derecha el bar, y aunque todo el mundo estaba en la zona de beber, yo le pregunté que a dónde iba para comer algo. No sé si es por que era tardísimo, o porque la zona del restaurante la tienen de adorno, pero el tío me miró como diciendo ¿estás tonto o qué? y me señaló el bar sin abrir la boca. Esto último no sé si es literal porque llevaba la mascarilla puesta; para que luego diga Mr. Trump del personal de restauración:

https://www.lavanguardia.com/vida/20200916/483511193893/los-camareros-que-se-tocan-la-mascarilla-y-otros-4-grandes-momentos-de-trump.html

https://www.efe.com/efe/usa/politica/los-camareros-que-se-tocan-la-mascarilla-y-otros-cuatro-grandes-momentos-de-trump/50000105-4343876

El caso es que me adentré en el bar. Si bien la neblina nicotínica que había no permitía percibir con nitidez el cuadro al completo, la instantánea del momento me recordó a la vieja normalidad que yo conocí en Europa, pero nueva para mí en América (apenas pude conocerla el año pasado, cuando todavía estaba recién llegado intentando amoldarme a mi nueva vida) Por mucha crispación que estemos viviendo en estos momentos en Estados Unidos, no hay nada que más una a las razas que ponerse pedo juntas. Allí estaban tíos blancos con gorra y camiseta ancha intentando ligarse a unas negras con sus aros de palmo y medio en la oreja, sus pestañas y uñas multicolor postizas, y sus camisetas con mensajes estampados en lentejuelas. El buscador de Mountain View no me mintió cuando le pedí «sports bar restaurant»: había un montón de pantallas con varios eventos deportivos, había bar, y había restaurante, pero la diferencia con el Buffalo Wings and Rings era bastante evidente (no voy a entrar en detalles de si prefiero uno u otro)

[Esto no tiene mucho que ver con mi viaje al norte de Indiana, pero hace un par de días no pude evitar sonreírme cuando vi un video en el Cincinnati Enquirer, un ¿periódico? local de Cincinnati, en el que se mencionaba el malestar entre los hosteleros de la ciudad tras anunciarse en Kentucky que los bares y restaurantes podían dar un último servicio entre las once y las doce de la noche, lo cual suponía una desventaja de una hora para los negocios de la margen derecha del río Ohio. Es lógico pensar que, si cruzando el río tengo una hora más de alpiste, me vaya allá. El motivo por el que me sonreí es porque me acordé de este «sports bar restaurant», en el que estaba bien pasada la medianoche y las camareras seguían sacando rondas bien elegantes con la música a todo trapo. Dejo el mapa del triestado Indiana-Kentucky-Ohio que preparé con los partes marcados con un ojete (la P es la sede de elparte.com]

 

Gary: una ciudad de acero endeble

Al día siguiente, ya que estaba allí y había salido un día feo y con lluvia, me dispuse a ver Gary en lugar de volver a la naturaleza. No había mucho que ver, porque resulta que es una ciudad semiabandonada, cuyos poco más de cien años de vida han estado ligados a la industria del acero, y más concretamente a la planta de producción que la U.S. Steel, la empresa del acero estadounidense, fundó a orillas del lago Michigan junto con una ciudad que diera residencia a sus trabajadores. Con esta historia fundacional no sorprende entonces que el propio nombre de la ciudad se deba al presidente de esta empresa. La prosperidad que alcanzó esta ciudad sólo se intuye hoy en día por las ruinas que dejó atrás, con estaciones abandonadas en las que ya no paran los trenes o iglesias en las que el culto es a la ruina y no al señor:

Gary, Indiana
Gary, Indiana

Y pese a seguir en funcionamiento, la entrada a la fábrica daba mucha penica:

Gary, Indiana

En definitiva: lo que en su momento el capitalismo bendijo en aguas del lago Michigan, ha quedado excomulgada por la férula del mercado. Y Gary no es una excepción. En uno de mis viajes por las aguas del país pasé por Detroit, otra de las ciudades que formaban parte del próspero cinturón industrial que contorneaba los grandes lagos del noreste de Estados Unidos. También se veían ruinas de barrios enteros alrededor del centro, pero por lo menos, el centro tenía vida y había planes de revitalización para varias zonas de la ciudad, cosa que se notaba en la cantidad de grúas que encontrabas.

¿It don’t matter if you are black or white?

Aquí ni había grúas ni se las esperaba. Los negocios que seguían con vida en torno al Broadway (el camino ancho si lo queremos traducir) dependían de la población que quedaba en la ciudad. Paré en uno de ellos a comer siluro rebozado y mis sospechas confirmaban lo que había ido viendo a lo largo de los muchos kilómetros que conduje por Broadway: La gente que ha permanecido en Gary a lo largo de estas décadas de declive económico es negra en su práctica totalidad. Imagino que los blancos que vi ligando en aquel pueblo a las afueras, serían de familias que salieron de la ciudad, pero no mucho y las únicas caras blancas que nos cruzamos estábamos allí por el turismo de ruinas o por Michael Jackson.

Ya comenté en https://elparte.com/dragones-y-mazorcas/ que aquí no te puedes espera un turismo urbano al estilo de Roma, con bustos y estatuas de dos mil años de antigüedad por cualquier calle perdida, o París, con miles de edificios monumentales distribuidos por un montón de barrios. En su lugar, la oferta turística se compone de macroarcos convertidos en parques nacionales, museos variopintos como el del bate, rutas coloniales o esclavistas para las que tienes que hacer un alarde de imaginación, o lugares emblemáticos de películas o celebridades.

Este último es el caso de Gary, ciudad natal de los Jackson. En los pocos viajes que he podido hacer, nunca me había acercado a estos puntos de atracción turísticos, pero al tratarse del rey del pop (y que no había mucho más que visitar), decidí acercarme a ver la casa natal de Michael Jackson. Con todos los claroscuros que quieras, Francesco, mi primer jefe de animación, me enseñó a apreciar su genialidad, y por mucho que mi capo se encuentre en mis antípodas ideológicas, el cariño que le tengo se tuvo que hacer extensible con mi visita a la casa de los Jackson. Y efectivamente, no era el único: fueron varios los coches que pararon y muchas las muestras de reconocimiento que hay en esta casa por parte de sus fans.

Uno piensa ahora mientras escribe en la cadena de casualidades que me llevaron a descubrir que Michael Jackson también era Hoosier (no tener alojamiento por las Dunas de Indiana -> terminar durmiendo en las afueras de un pueblo de Gary -> que te salga una mañana con un tiempo regulero y decidas visitar una ciudad dejada de la mano del dios de la economía -> encontrarte con la casa donde se crió Michael Jackson) y al final resulta que Indiana es mucho más que maíz y pickups.

Sabor latino

La lluvia paraba y el fin de semana todavía guardaba algo de sol en sus previsiones, así que recalculé de nuevo la ruta, esta vez buscando algo de naturaleza camino a mi casa en la otra punta del estado de Indiana. Sabía de la existencia de un parque estatal en las afueras de Indianápolis, así que opté por tirar de autovía (a pesar de que ya comenté en https://elparte.com/indiana-dunes-y-la-ciudad-perdida-parte-1/ que estos viajes son pa hacerlos por carreteras secundarias) para llegar a dicho parque antes de que anocheciera. Al igual que en las Dunas de Indiana, la mayoría predominante era latina y la alegría que transmitía sobrepasaba el hecho de que escuchara mi lengua materna. La pregunta que dejo en el aire para potenciales partes es la siguiente: ¿quién será el que se alegre de escuchar tanto español el próximo tres de noviembre? ¿Biden o Trump?

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