Lagos, nieve, maíz y pick-ups

Esta entrada está dedicada a las personas que se encuentran en la misma situación que yo hace justo un año: deshojando la margarita por vivir o no la «visiting U.S. experience» en el agro estadounidense. Está claro que pocas personas que aplican para este programa tienen en mente enseñar español rodeado de campos de maíz, y a casi ninguna le atrae la idea de dar clase a rednecks o hillbillies. Yo tuve los mismos reparos en su momento y aquí estoy, ultimando detalles de cara al curso que viene. [Sí, mamá, va a ser que me quedo otro año más; pero en quince días estoy allí, no te preocupes]

Es evidente que esto es algo muy personal, y cada cual tendrá sus motivos para moverse o no de un lado u otro, pero me apetecía contar mi propia vivencia por si a alguien le puede servir de ayuda a la hora de tomar decisiones.
Full disclosure: Tampoco es que esté en medio de la nada, que esto es el medio oeste y aunque trabaje en un pueblito que no llega a los dos mil habitantes, vivo en uno de cinco mil y estoy a poco más de media hora de Cincinnati (vamos, que gente hay). Imagino que conforme te alejas al oeste y dejas atrás el cinturón del maíz, la sensación de vacío adquiere mayor dimensión.

By Ali Zifan – Own work; Map is based on here., CC0, Link

La parte más clarica del mapa de arriba corresponde a la zona estadounidense de las Montañas Rocosas y los Grandes Llanos. Ahora que se escucha más lo de la densidad de población a propósito de la desescalada, aprovecho también para advertir la notable diferencia entre calcular habitantes por kilómetro cuadrado o por milla cuadrada. De acuerdo con la escala seguida en la imagen, hasta Soria y Teruel quedarían fuera de la franja más despoblada (Ávila y Cáceres incluso llegarían a estar en la de 50 a 100 habitantes por milla cuadrada). Para hacernos una idea: la peña en Wyoming o en Nuevo México está aún más esparcida que la España vaciada; lo de Cuenca o Zamora sería un gentío que lo flipas. Demografía al margen, aquí os dejo cuatro o cinco razones que hacen que esté bien a gusto aquí en el sureste de Indiana:

LA CALMA: Como diría el niño de la piscina de Teruel, lo que más se valora aquí es la tranquilidad:

¡Al loro la cohorte demográfica: panchitos y cubanos! Lo de Estados Unidos catalogando Iberoamérica también tiene su cosa, espero hablar de ello en la próxima entrada.

Calma y tranquilidad que se valora tanto en el ritmo de vida como en la clase. Mi mayor conflicto ha sido un día en el que cuando iba a sonar el timbre le «rogué encarecidamente» a un alumno que no abandonara la clase hasta que entregara su ejercicio y se marchó desobedeciéndome. Notificación al equipo directivo, arresto después de clase y al día siguiente tenía el ejercicio en mi mesa a primera hora. EL AMBIENTE QUE YO ME HE ENCONTRADO DIFÍCILMENTE SE PAGA NI CON DINERO NI CON LA MEJOR OFERTA DE OCIO EN LA CAPITAL DEL MUNDO MÁS COSMOPOLITA. (También hay que asumir que la mitad de tus estudiantes no van a darse mucho mal en entregarte las redacciones, puesto que el nivel de exigencia va acorde a la flema que se gasta en el lugar)

LA SEGURIDAD: Esto también dependerá del lugar y de la persona, pero aquí rara vez he sentido ni el miedo ni la necesidad de extremar precauciones en casa o en la calle. Los coches los dejan aparados con las llaves puestas y a veces hasta el motor encendido, las puertas de las casas están abiertas y los paseos por el pueblo, sean de día o de noche, cada vez me recuerdan más a los de Torrecilla (también el olorcico a tierra mojada que me ha entrado un par de veces por la ventana mientras escribía esto). Por daros un ejemplo al igual que en lo de clase: la mayor tensión en un bar la viví cuando al marido de una compañera del instituto se le acercó un tío, cuyo paso cambiado y dicción embebida hacían más difícil si cabe la comprensión del texto. El beodo en cuestión creo que declamó contra el equipo de fútbol del que hablaba y se despidió con una peineta. Por cierto, podéis estar también seguros de que las primeras semanas no vais a entender ni jota a las gentes del lugar. ¡Y ojo! Con esto no quiero decir que la delincuencia sea inexistente y la peña no esté armada hasta los dientes; me consta y además te lo dicen con orgullo. Ya no sé ni la de veces que me han invitado a ir a disparar. Por ahora, esa línea roja en la american experience se mantiene ahí.

También me siento afortunado de haberme encontrado con la CoViD-19 en medio del campo. Vista la primavera que nos ha tocado vivir aquí, los otros profes del condado coinciden conmigo en decir que hemos salido beneficiados de que nos mandaran a pueblos; y ellos que venían con niños lo han agradecido aún más. ¡Farewell y boa suerte, compañer@s!
•[Esto ya es un pensamiento más que una vivencia, pero creo y espero que esta pandemia ponga en cuestión el modelo habitacional de aglomeraciones, enjambres de pisos y aquello que llaman gentrificación; con un tejido empresarial más abierto al teletrabajo y a laposibilidad de vivir en entornos que no se encuentren hiperpoblados]•

LA COMUNIDAD: Vuelvo al tema de los sentimientos y por ende, de la pertenencia. En los pueblos la palabra colectivo adquiere una dimensión que rara vez se puede alcanzar en la ciudad, con unos barrios cada vez menos humanos y más anónimos. No voy a decir que no haya tenido bajoncillos en los que te sientes sólo y te falta tu familia o ese bar en el que sabes que siempre vas a poder encontrar a alguien de tus colegas, pero estos momentos han sido los menos: la sensación de arropo por parte de la comunidad juega un papel importante. Ello se refleja además en las formas de ocio. El MOMA me queda en el quinto pino, posiblemente no pise las playas de Miami y a este paso no creo que vaya a Las Vegas, pero la noche del viernes de fútbol americano en el pueblo también es pa vivirla:

Y luego están las ferias de la cosecha en septiembre, con un ambiente de verbena de pueblo muy agradable. Bien es cierto que yo ya vengo acostumbrado de mi tierra y el Quince de Agosto allí es sagrao, pero de verdad que da gusto dar una vuelta por las ferias mientras te encuentras con gente del instituto que sete paran a preguntar qué tal vas, con la vecina de enfrente o con un grupo de estudiantes que se sorprenden al verte zampando pull pork en bermudas y chancletas. (El hecho de encontrarme en el cruce de caminos de “América”, como así indica el lema oficial del estado de Indiana, facilita también que pueda coger carretera y manta hacia otros lugares con museos o destinos más populares en Estados Unidos)

La Feria Agrícola de Aurora, IN
Parque natural de Versailles, IN.

LA NATURALEZA: Otra ventaja evidente es la proximidad a la naturaleza. No sabría ni deciros la cantidad de parques naturales que tengo en dos horas de coche a la redonda. Uno se puede levantar, desayunar tranquilamente, ponerse a escribir en el blog, y hacerse una excursioncilla por la tarde tranquilamente. Bueno, no tan tranquilamente, que la meteorología aquí es alucinante; un día como hoy sin ir más lejos te puedes levantar con la niebla de la ribera, a mediodía te sale el sol con un calor del copón, luego se nubla, cae un chaparrón y terminas el día con viento y frío. Me acuerdo inevitablemente de la canción del abuelo…

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