Para ti, que eres profe

Tras mi triple parte sobre lo de la CoViD (para ver desde el principio véase https://elparte.com/el-covid-con-toques-republicanos-parte-1/), creo que hoy toca hablar de educación. A continuación puede que venga el parte más íntimo y pasional que haya escrito, básicamente porque soy profe y no me metí a esto porque no supiera qué hacer con mi vida al terminar una carrera de letras. Al poco de terminar la universidad, encontré trabajo en una isla preciosa y a los dos años pasé a ser fijo. Y aunque se currasen muchas horas, me gustaba estar de cara al público y no me desagradaba la idea de echar raíces allí. Sin embargo, siempre tuve vocación por la docencia y por ofrecer un servicio en lo público (a.k.a. República), así que al final opte por cambiar de rumbo. Lo que no imaginaba hace cinco años es que mi rumba me llevara tan lejos y terminara viviendo la pandemia en el sureste de Indiana (Estados Unidos)

Rodar o no rodar, he ahí la cuestión

Como aquí las clases empiezan un mes antes, a mí me tocó pasar la incertidumbre y el bombardeo informativo que ahora viven docentes de todos los rincones de la península en pleno mes de julio. Y no voy a negar que en algún momento me vi seducido por la idea de poder dar mis clases desde la casa de mi familia en un pueblo perdido por Teruel, pero cuatro semanas después de haber empezado el cole con las clases cien por cien presenciales, no me arrepiento ni lo más mínimo de haber dicho que sí a continuar este curso, en plena pandemia, y en un pueblito de la América profunda llamado Milan. Pero no voy a ser yo quien os diga por qué, sino el ilustre Fernando Simón:

Se puede decir más alto pero no más claro. Si queremos que la igualdad de oportunidades y el ascensor social no se estropeen más de lo que están ya, la vuelta a las aulas es IMPRESCINDIBLE. Y aquí lo siento mucho, y sin ánimo de hacer proselitismo voy a tener que distinguir entre las escuelas públicas y las de gestión privada.

REBOBINO: ¡Vaya tontada! ¿A quién voy a engañar? Ni lo siento ni carezco de ánimo de hacer proselitismo. Me parece escandaloso que cualquier gobierno de coalición, de concentración o de colisión, que se haga llamar progresista favorezca con más dinero público si cabe (en este caso los fondos CoViD) a la educación gestionada por unas élites. Vuelvo a retomar las palabras de Don Fernando Simón: «No es lo mismo un niño que tiene su propia habitación, su propio ordenador y una buena wifi, que un niño que comparte una habitación con más hermanos […] y además no tiene wifi». Así pues, los fondos para paliar los efectos del coronavirus deberían empezar por las familias más desfavorecidas, y me parece de justicia que la concertada reciba su parte proporcional de acuerdo al alumnado que acoja de este tipo, lo cual no creo que incluya a las familias que pueden permitirse pagar religiosamente una cuota mensual (más aportaciones varias) que rara vez bajan de los cien euros. La que quiera una educación no pública, que se la pague de su bolsillo y no de los impuestos públicos. ACTUALIZACIÓN: Todavía hay demasiado listillo en la España del Lazarillo. Pongo por ejemplo a la señora Díaz Ayuso, que convoca de un día para otro a miles de docentes para ver si están infectados, insuflando un buen pastizal a la sanidad privada, a la que ha encargado hacer las pruebas. ¡OLE, TU CHOCHO! Con lo poco que costaba mandarles de manera escalonada a sus centros de salud…

¿Café para todos?

¡Ah! Y ya que estoy con la mala baba: me parece de una supina estupidez sacar a colación lo de «España una y no cincuenta y una» para reprochar que las Comunidades Autónomas actúan de distanta forma. ¡PERO SI SE TRATA DE ESO, LA HOSTIA! Ya me contarán a mí por qué deben proceder de igual modo un colegio en La Gomera, donde el número de positivos por CoViD en los últimos cinco meses se cuentan con los dedos de las manos, que otro en un barrio que cuenta por decenas los casos diarios. Allá por el mes de marzo ya mencioné algo de cómo estaba el tema aquí en Estados Unidos a la hora de gestionar la escuela, tanto en tiempos de pandemia como en general, donde los distritos escolares se gestionan con gran autonomía en función de sus proyectos, las necesidades de las familias, o las circunstancias que los rodean:

Así pues, al igual que cada distrito escolar gestionó el cierre de los centros educativos y las clases desde casa, la vuelta al cole no ha podido ser de otra forma. Hay coles que han pospuesto el inicio de curso, otros que han empezado desde casa al cien por cien, otros con una fórmula mixta para evitar grupos masivos, y otros que estamos a pleno rendimiento (sin ánimo de ser pesto, invito a la lectura de los partes del CoViD que he mencionado aquí al principio), con la única salvedad de que se ha permitido que haya estudiantes que opten por quedarse en casa, bajo compromiso de cumplir los horarios al igual que si estuvieran en el edificio, tener una buena conexión a internet, y comprometerse a seguir las clases y realizar las tareas como cualquiera que esté en el aula. Primera pega que hay que sacar a esto: Yo, como profe, tengo que grabar mis clases y adaptar tanto los materiales como las actividades para hacer partícipe a la persona que está en casa siguiendo la clase. En definitiva: LAS CLASES MÁS CURRADAS.

Encima de puta, pon la cama

Aquí está la madre del cordero en cuanto a la situación laboral del profesorado: que les manden al aula a contagiarse y encima se tengan que pegar una buena paliza para adaptar todo a los nuevos tiempos. Total, para que a los cuatro días manden pa casa y haya que recalcular ruta. Yo mismo pasé por esa fase mezcla de pánico, indignación, desasosiego y rabia. Llegados a este punto, voy a intentar autojustificarme en lo que voy a seguir contando, ya que estoy seguro de que va a levantar ampollas por la península: para bien o para mal, aquí ni el gobierno central ni el federal encerró a la población y la ciudadanía es muy recelosa de las libertades individuales (pensemos como paradigma el hecho de portar o tener armas en casa). Para no enredar más el parte, continúo con el esfuerzo por parte del profesorado para adaptar sus aulas a este nuevo escenario y dejo el tema de las relaciones entre el estado y el individuo para otro momento. En mi caso, al principio flipaba con lo de tener que dar clase presencial y en línea, pero al final ha resultado muy beneficiosa para que nadie se quede atrás y creo que es uno de los éxitos de este modelo. Me explico: Cada vez que empieza la clase abro la videoconferencia para las de casa. En el instituto sólo tengo tres chicas que han decidido cursar este bimestre virtual, eso sí, justo ha coincidido que cada una está repartida en un nivel de los que doy (Español I, Español II y Español III), lo cual ya tiene su gracia 😅. Lo de las tres chicas ocurrió los dos primeros días, porque ahora, cada vez que abro el Google Meet, me encuentro con gente nueva en la pantalla, lo cual en un principio se debía a que debían quedarse en casa por motivos de salud. Ahora ya, en la cuarta semana, se ha extendido también a otros motivos, siempre que se justifiquen debidamente antes de pasar a recibir las clases de ese día o de esa semana de manera virtual. ¿Qué supone este baile continuo de modalidad de enseñanza? Aquí va mi pequeña reflexión filozófica antes de seguir con lo del CoViD.

Black mirror classroom

Este modelo de aula espejo (así lo denomina la Universidad Pública de Navarra: https://www.noticiasdenavarra.com/actualidad/sociedad/2020/08/26/upna-habilita-aulas-espejo-reducir/1073095.html) facilita que el alumnado pueda seguir las clases con cierta normalidad aun cuando se encuentre fuera del aula. Ahora bien, resulta imposible saber quién escucha al otro lado la de la pantalla y nuestras clases quedan registradas por algún servidor de Valle Silicio. Esto me recuerda a las conversaciones que tenía con un buen compañero cuando hacíamos un descansillo para ir a «coger aire». ¿Qué implicaciones tiene este proto gran hermano en el aula? Aquí en Estados Unidos ya hay micrófonos y altavoces en las aulas desde hace años en forma de intercomunicadores (piensen en los Simpsons), y la clase puede verse interrumpida porque te avisan con anuncios o te piden que saques a Fulanito, que le han venido a buscar sus padres. Del mismo modo, tú puedes pretar el botón para pedir que suba alguien a limpiar algún chandrío o si necesitas alguna cosa. Lo que hace la videoconferencia es dar imagen al sonido y dejar testimonio gráfico de todo lo que acontezca en ese plano.

Un nuevo escenario

¿Cómo ha influido esta doble modalidad sincrónica en mi aula? Como profe de letras que soy, nunca me he acabado de creer lo de que una imagen vale más que mil palabras (y menos en el siglo XXI). Sin embargo, y sin que sirva de precedente, voy a dejar testimonio gráfico de ello.

Al margen de haber partido los pupitres que tenía agrupados de cuatro en cuatro, que formaban grupos reducidos en círculo, mi posición habitual en clase ahora se encuentra en la parte exterior de mis dos mesas ubicadas en L, quedándome yo más o menos en el centro de la última fila. Mi mesa grande ha dejado de ser «mi mesa». Primero, porque el kit anticovid lo tengo bien aparente: el gel hidroalcóholico en una garrafa de no sé cuantos litros (aquí los líquidos se miden en galones), bien de papel de secar las manos (y las mesas), y el virex, spray para que se desinfecten las mesas entre clase y clase si se considera necesario. Se me olvidó mencionar que aquí cada profe tiene su aula y son sus estudiantes quienes van a su aula, por lo que el mismo pupitre es ocupado por siete personas distintas cada día. Pero mi mesa ya no es tan mía también porque en las clases que somos más de treinta una chica ocupa mi mesa para así mantener el mayor alejamiento posible. Por cierto, otra de las cosas en las que rendimos cuenta con el doctor responsable del condado es en que hemos tenido que mandar el plano de cada hora diciendo dónde se va a ubicar cada estudiante, de forma que si se diera algún caso positivo, se puedan rastrear sus contactos más próximos en horas de clase.

Enseñar la lengua con la boca tapada

Detalles logísticos a elparte, el verdadero nuevo escenario es el de la doble clase simultánea (en clase y en casa). Y el que me apañe más o menos con las nuevas tecnologías no es tan relevante en estos momentos coronavíricos como el mantener la distancia entre estudiantes (o por lo menos así me lo parecía cuando remodelé el aula). Así pues, la clase la llevo desde atrás favoreciendo la visión de lo proyectado en la pizarra desde cualquier punto del aula, y me grabo sentado utilizando un documento de Word como pizarra a la vez que comparto pantalla para el alumnado en casa [¡Ojo con lo de compartir pantalla, que juega malas pasadas, sobre todo cuando congelas la imagen del proyector!] Todo muy rudimentario, pero por lo menos me ha servido para ejecutar la instrucción. Además de la interacción entre estudiantes, el aspecto más perjudicado es el lenguaje no verbal, ya de por sí mermado por llevar el rostro semitapado. En verdad yo tengo un plástico transparente, pero casi no tengo estudiantes que hayan optado por esa opción, siendo la mascarilla de tela y la braga para el cuello las opciones mayoritarias.

Pero la vida escolar se abre paso

Sí, han leído bien en el anterior párrafo: Una braga para el cuello de una tela más fina que el papel de fumar que se utiliza para rodear la punta por la que uno se fuma una faria. Y lo más acojonante es que, casi un mes después, seguimos con las clases (soy pesao, lo sé; pero para conocer un poco más cómo está el tema de los contagios en mi zona, hay que echar un vistazo a los partes anteriores que mencionaba al principio de esta entrada). Los casos reportados por las autoridades, entre 4 o 5 diarios por cada cien mil habitantes, son muy bajos a pesar de una cierta normalidad en nuestras vidas. Y se podría apelar a la desconfianza en las estadísticas tan de moda en estos tiempos, pero no es el caso. Tenemos una hoja de cálculo compartida en la que el equipo directivo y la enfermera actualizan la lista varias veces al día para añadir o quitar nombres en función de si han mostrado síntomas, han tenido contacto con algún positivo, esperan resultados y/o están en cuarentena. Recuerdo una conversación hace apenas seis meses con mi director comentando el papel de la enfermería en un centro educativo y yo le restaba importancia. ¡Bendita enfermería! No obstante, la toma de temperatura por las mañanas se realiza en casa y si hay algún síntoma de CoViD deben informar al centro antes de subirlo al autobús o dejarlo en la puerta del cole. Aquí la principal diferencia con respecto a lo que he oído que se va a aplicar en España es el tema de la ventilación. Esta gente les encanta tener todo a cal y canto y estar fresquitos en verano y calentitos en invierno, así que la ventilación natural es nula. No es que haga un calor agobiante en verano, pero el mes de agosto sí que agradezco yo algo el aire acondicionado en el aula, aunque a veces se pasen de frigorías.

¿Y si yo caigo enfermo?

Volvemos a la madre del cordero. ¿Qué pasa si yo me pongo enfermo? En primer lugar, tengo que decir que aquí no existe lo de la baja laboral. Cada año dispongo de un número de días de ausencia al trabajo retribuida, que se van acumulando de un año a otro. Como complemento este año, tenemos algo parecido a algo que creo que también están mirando en España al plan Me Cuida Y es que el gobierno de España no ha dejado nada claro qué pasa con las personas que tienen que ausentarse del trabajo porque su hijo o su hija deben quedarse en casa. Para esto y para cubrir tu posible baja, aquí el gobierno federal ha decretado hasta ochenta horas de permiso CoViD, que pocas me parecen a mí. Aún suponiendo que no caes enfermo, si tenemos en cuenta que en cuatro semanas de curso que llevamos ya he tenido más o menos entre un cinco y un diez por ciento de estudiantes que han pasado a la pantalla temporalmente (y que posiblemente les volverá a tocar pasar) no tengo yo claro que ochenta horas sean suficientes, por lo menos para las familias monoparentales.

De todas formas, insisto que aquí no hay mucho miedo al virus en las aulas y los datos por ahora acompañan. Otra cosa es en Nueva York, donde los planes de apertura ha puesto al profesorado en pie de guerra y la amenaza de huelga del sindicato docente ha quedado en suspenso ante el retraso del inicio de curso. También debo decir que es muy difícil extrapolar lo que yo estoy viviendo aquí con lo que hay en España. Con la de restricciones que hay allá y lo poco que se está atajando el virus. De verdad que no lo entiendo.

Las pantallas, ante todo

Se pueden criticar muchísimas cosas del modelo educativo de aquí (véase por ejemplo elparte de la vuelta al cole: https://elparte.com/vuelta-al-cole-parte-uno-rebobinado/), pero la formación del profesorado no es una de ellas. Los recursos son casi infinitos y en mi distrito escolar la muchachada desaparece una hora antes los miércoles para que el claustro reciba formación en horario de trabajo. El curso pasado esta formación se centro casi exclusivamente en cómo desarrollar las clases en entornos digitales. Este curso, por ahora estamos combinando las TIC, las SEL (Social Emocional Learning) y breves reuniones «terapéuticas»: -Hola, me llamo Alfredo, llevo tres días sin ver la luz del sol y no hay manera de que no me hagan trampas en los exámenes virtuales.

Más cosicas de aquí para tener en cuenta allí: Tenemos un chaval bien majo, Dylan, que se encarga de que todos los aparatos electrónicos estén a punto en las aulas. No es un profe que le excusan de entrar a clase media hora al día. Es un empleado del distrito escolar dedicado en exclusiva a ello. Por supuesto que cada estudiante dispone de un miniordenador, en el caso de la escuela elemental (hasta diez años) facilitan una tableta. Por último, tengo que mencionar las propinas, tan característico de la economía estadounidense como el dinero B en España. Yo por ahora he recibido una por sacarme lo del guguel teacher, pero también nos recompensan el trabajo bien hecho, que aunque no venga mucho a cuento con lo del coronavirus, aprovecho para contaros. El director entra a tu aula varias veces sin decir palabra. Cuando viene sin ordenador, es que simplemente se da una vuelta, pero como lo veas con el portátil, es que te va a evaluar y poner nota. Al cabo del curso recibimos cuatro calificaciones y en función de ellas, recibidas un incentivo económico o no.

¿Y ahora qué?

Como veis, son muy grandes las diferencias entre un sistema educativo y otro; tan grandes como las que hay entre ambos países. El propósito de esta entrada era dar parte de lo que se cuece por aquí, porque voy con un mes de adelanto en lo que al curso escolar respecta y pensé que podría resultar interesante. He intentado resaltar lo más interesante y lo que pueda ser aprovechable. Seguro que más temprano que tarde tendré tiempo de enseñar los dientes (sin mascarilla, por supuesto) y proyectar las sombras de este país (como la pena de muerte, de la que, después de una primavera sin ninguna ejecución, volví a escuchar de ella porque se había llevado a cabo aquí en Indiana).

Quizás para España no sirva de mucho lo que pasa en Estados Unidos y merezca más la pena mirar países vecinos como Francia, que volvió a las aulas esta semana. De lo que estoy seguro es de que toca cuidarse mucho. Lo de que los profes tenemos muchas vacaciones no lo voy a negar, pero la carga emocional a la que nos sometemos puede ser más dañina que la carga vírica a la que nos exponemos. Aquí los medios de comunicación han ametrallado a la población con noticias sobre la apertura de los coles. Lo de la desinfoxicación es fundamental para no volverse majara. No digo que no nos informemos y luchemos por nuestros derechos, pero el bombardeo informativo durante las primeras semanas de clase va a ser brutal. Os deseo una vuelta al cole tan «normal» como la que he tenido yo.

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