¿Por qué Cincinnati tiene la Oktoberfest más grande de Estados Unidos?

Dicen que cuanto más duele el corazón, mejor aprieta el puño la pluma. Hace casi un año que no publico nada y que apenas escribo, pero eso no significa que no las haya pasado mal todo este tiempo. Bien es cierto que mi abuelico nos dejó (aunque su reloj sigue marcando las horas), que la pandemia ha dejado heridas por cerrar entre mis amigos y que me estuve preparando unas oposiciones que me costaron muchas horas de mi vida para nada [Si a los cuarenta no me he sacado la plaza, me retiro al pueblo a cultivar lechugas] Sin embargo, como dirían en mi tierra, actualmente estoy de cojón. Va a ser cierto eso de que la tercera es la buena, porque mi tercer año como profesor visitante en Estados Unidos está siendo, so far, la mejor de mis aventuras. No sé si es porque tengo a mis estudiantes como yo quiero o son mis estudiantes que me tienen donde querían, pero las clases van bastante suaves y por fin disfruto de mis fines de semana y gozo de cierto tiempo libre después del curro. También ocurre que los efectos de la pandemia van quedando atrás, la sensación de miedo desaparece y a nivel laboral, uno ya ha aceptado que siempre va a tener entre un diez o un veinte por ciento de la clase en cuarentena. Entiendo las reticencias de las familias a la hora de aplicar una vacuna relativamente nueva en cuerpos puberales, pero el historial por ahora da la razón a las farmaceúticas y a los gobiernos.

En cualquier caso, llevo meses queriendo sacar un parte; concretamente desde el 19 de junio, día en que el dichoso bingo de las oposiciones decidió no sacar una bolita que contuviera el número de un tema que había preparado. Y después de casi un año sin apenas haber escrito, imaginad la de ideas que llevo en la cabeza para volver a publicar una entrada. Cualquiera que me haya seguido sabrá que son cuatro los temas que suelen ocuparme:

  • Lo de la CoViD. En un cuaderno de bitácora que nació en el confinamiento no puede faltar el tema estrella de los últimos veinte meses.
  • Educación. Soy profe, así que muchas de las ideas que se me pasan por la cabeza tienen que ver con mis menesteres.
  • Historia. Soy licenciado en Historia, le tendré que sacar algún rendimiento a esos años de universidad, ¿o qué?
  • Viajes. Estoy en Estados Unidos viviendo la aventura americana. Bien se vale un poquito de narrativa viajera.

(((El subrayado en amarillo de las palabras es pa que pinchéis si queréis ver qué hay enlazado)))

Tengo pendientes bastantes hilos abiertos con capítulos por venir, y este año me ha faltado un parte de inicio de curso, por ejemplo. También tengo otra entrada en el tintero de mi último viaje por carretera hasta la punta estadounidense más cercana a Cuba. Corría el mes de noviembre, el Pelusa se moría y Bad Bunny, máximo exponente del trap latino, sacaba su último disco, así que bien podría llamarse Maluma, Maradona y Miami. ¡Qué pronto se encuentra un titular vacío de contenido! A pesar de todos esos pendientes, lo que sí me ha hecho sentarme a escribir es mi germanofilia galopante y mi gusto por la cerveza, dos de mis facetas que convergen en el espacio-tiempo este fin de semana en Cincinnati, ciudad a la que le debo más de lo que quisiera, y que sólo cuenta con una única entrada en mi diario:

Al otro lado del río

Parece mentira que solo (no sé si esto lleva acento) os haya mencionado de pasada las raíces alemanas de la zona en la que ahora vivo. Podría comentar la inscripción en alemán que se encuentra en la vidriera de la iglesia de debajo de mi casa, la multitud de apellidos alemanes que hay en mi instituto, o el pueblo que tiene todas sus calles señalizadas en alemán y más bien parece hallarse en la Renania que en Indiana. Pero hoy la cosa va de Cincinnati. Y al igual que en el artículo que os he dejado enlazado arriba, creo que debo empezar por OTR, ese barrio de eterna latencia que muda su piel en busca de supervivencia.

Cuando en Cincinnati hablan de Over The Rhine, lo que están haciendo es apodar a un canal con el nombre del río Rin. Y al igual que este río, el canal constituia una suerte de frontera entre lo germano y otros pueblos. Se trata de una zona de Cincinnati atravesada por un pedazo de canal que conectaba el río Ohio a la altura de esta ciudad con uno de los grandes lagos. Esta buena gente migrante del siglo XIX lo que hacía era darle un nombre conocido a lo que tenían en su tierra de origen. Como si la comunidad latina en Aragón decidiera llamar Machu Picchu a Moncayo o río de la Plata al Ebro. Además de la toponimia, otra cosa que hicieron muy bien es importar sus brevajes. Voy a intentar dibujar todo esto con palabras.

Do you speak English? No, pero hago cerveza (Jürgen se va a las Américas)

Jürgen y su familia deciden emigrar en busca de una vida mejor allá por mediados del siglo XIX. Déjenme que les ponga en situación antes de empezar con la historieta. Estamos hablando de la época anterior a las guerras mundiales, en las que Alemania (o lo que quiera que fuera) todavía no era la más odiada del contexto internacional porque no había perdido la Primera Guerra Mundial y no había terminado aupando al nazismo [Los nazis del siglo XX que migraron encontraron mejor refugio en el Cono Sur de América]

Jürgen y su familia deciden emigrar en busca de una vida mejor allá por mediados del siglo XIX. Cuando su barco ancla en Nueva York comienzan a buscar a una prima de su vecino que les había dicho hace unos años que por el nuevo continente daban buenos lotes de tierras. Unos Dutch de Pennsylvania les dicen que la prima de su vecino está por las llanuras del Ohio. Cuando llegan por aquí se encuentran con que la susodicha casó un inglés con menesteres en el ferrocarril del Pacífico, y que ahora posiblemente se encuentren a mil millas de distancia tirando hacia el Oeste [en verdad se habían unido a la fiebre del oro, pero no quisieron decirlo por reticencias obvias]. En su travesía, Jürgen y su familia habían escuchado de nuevos repartos de lotes al otro lado del Mississippi, pero no tenían ni la más remota idea de cómo sería esa tierra, ni de quién encontrarían allí. Sin embargo, otra familia alemana con la que compartieron barco, les habló de Cincinnati, una ciudad con auge industrial y donde no resultaba necesario hablar inglés para su día a día. Tanto la familia de Jürgen como la de Klauss, sus vecinos de travesía transatlántica, terminaron en esa zona que la gente apodaba Über den Rhein o Over the Rhine. Eran unos suburbios del original asentamiento de Cincinnati, únicamente separados por ese canal apodado como el río del viejo continente. Jürgen encontró trabajo en una de esas metalúrgicas que recordaban a las calderas del infierno y Klauss comenzó en una de las muchas fábricas de cervezas que salpicaban la orilla del sogennante Rin del Midwest. Lo que ni Jürgen ni nadie sabían es que Klauss traía una nueva forma de fermentar la cerveza bajo el brazo… (to be continued)

No solo de pan vive el cereal

Lo que sigue a continuación es un somero resumen de esta página: https://cincinnatiusa.com/article/built-beer-cincinnati-regions-brewing-history Nótese que la página habla de la región de Cincinnati incluyendo, como no podía ser de otra forma, el norte de Kentucky, del cual ya dejé un miniparte hace la friolera de año y medio 😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱

Al igual que Klauss, muchos otros migrantes centroeuropeos trajeron el know-how de la birra a Norteamérica. Las ganas de algo nuevo y la meticulosidad alemana hicieron que las ales británicas, protagonistas de las tabernas a principios del siglo XIX, se vieran desbancadas por esa nueva forma de fermentar la cerveza. Y yo no sé si abrán datos que lo sostengan, pero según afirma la página de Moerlein, una de las grandes cerveceras de aquí, en 1890 Cincinnati era la capital mundial de la cerveza

Inconsistencias en las afirmaciones aparte, lo cierto es que Moerlein sigue fomentando una de las fiestas de la cerveza más auténticas, albergando dentro de sus instalaciones (por lo menos antes de la CoViD) en pleno invierno una multitud variopinta dispuesta a elegir al la reina de la salsicha y al barón del bigote. Aquí dos ejemplos variopintos que me encontré hace un par de años:

Idas y venidas. La colita has de mover

La historia sin embargo es muy caprichosa. Lo que decían que era la capital del mundo de la cerveza pronto se encontró con dos (o tres) crisis consecutivas. Primeramente una guerra mundial en la que Alemania era el enemigo, a la cual sucedió una ley seca que llevó al garete todo ese esplendor cervecil. Por si fuera poco, el nazismo terminó de señalar a Alemania como el mal de todos los males mundiales.

Cincinnati en general, la industria cervera en particular, y especialmente el barrio de OTR, sufrieron las consecuencias de las crisis de la segunda mitad del siglo XX, pero una serie de actuaciones, tanto públicas, como publico-privadas, han sabido relanzar esta ciudad y este barrio. Del barrio ya hablé en su momento en la entrada que he dejado enlazada varias veces, así que ahora me centraré en lo que nos ocupa, la cerveza.

Ya en 1976, con los alemanes en el bolsillo de la OTAN, el discurso de Kennedy en Berlín para el recuerdo, y una generación después del gran conflicto bélico de la humanidad, el gobierno local del centro de Cincinnati tuvo la idea de organizar una Oktoberfest en sus calles. El evento tuvo buena acogida y fue repitiéndose durante los años. La compañía cervecera bostoniana Samuel Adams, que había montado una segunda fábrica en Cincinnati, decidió apostar fuerte por esta fiesta de la cerveza, cuya popularidad subía al ritmo que lo hacían las cervecerías locales, comunmente denominadas artesanales) recuperando las tradicionales ales -pot si alguien no se ha enterado todavía, las IPAs son un tipo de ale más lupulada.

El auge sibarita de la cerveza, la situación estratégica de Cincinnati y una promoción adecuada, como aglutinar el baile de los pajaritos más grande del mundo, han convertido a la Oktoberfest de Cincinnati en un auténtico referente lúdicofestivo en el Medio Oeste. Aquí va un testimonio gráfico…

Detrás de esta entrada subyacen ideas culturales e identitarias como el tema de las migraciones y la cuestión lingüística. No voy a entrar en detalles porque das Leitmotiv de esta entrada era darle un tono festivo y aprovechar mis estudios en Historia. Aún así, creo que tengo que reconocer que, además de las fechas señaladas, fue el señor García-Margallo y Marfil el que me recordó el tema de la política lingüística cuando dijo que España es con Belgica el unico pais plurilingüe que no tiene una norma intermedia entre la constitucion y la normativa autonomica:

Parece mentira que un señor tan viajado como el que fue ministro de exteriores se olvide en su argumento de un país como Estados Unidos, cuya realidad plurilingüe rebasa con creces la de los dos estados que menciona. Dicho lo cual, voy a aparcar el tema aquí y dejarme llevar por el ambiente lúdico que siempre acogen las fiestas de la cerveza.

Ein Prosit und auf Wiedersehen!

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