¿Tanto monta, monta tanto? ¿Políticas juzgadas o juzgados políticos?

Anteayer tenía que haberme detenido un ratico más en el tema de la separación de poderes; a saber: la división de lo que se supone que gobierna nuestras vidas en forma de Estado con tres partes independientes: la que hace las leyes (poder legislativo), la que las llevan a cabo (poder ejecutivo) y la que vela por su cumplimiento (poder judicial). Esta división ya fue apuntada en el siglo XVII por Locke (filósofo inglés cuyas ideas y postulados influyeron en la redacción de la constitución de los Estados Unidos), pero el crédito -cómo dicen por aquí en Estados Unidos- se lo llevó Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, quien afinó en su separación y pasó a ser estudiado en las escuelas dentro del paquete de la Ilustración del siglo XVIII como los fundamentos de nuestros sistemas políticos actuales (sistemas que, dicho sea de paso, empiezan a hacer aguas en un mundo tan interconectado e hiperconectado como desconectado de sus dirigentes y mandatarios, teóricos o fácticos)

Mucho más que una jueza

Vayamos a los EE.UU. y a su actualidad (en verdad pasó hace tres semanas y con los tiempos que corren, parece más del Paleolítico que de nuestros días) Para conocer la figura de Ruth Bader Ginsburg, jueza de la corte suprema de los Estados Unidos, y lo que supone su muerte hace tres semanas, mejor escuchar este audio de Todo Por La Radio, un programazo que ya he mencionado en alguna ocasión por aquí La sección de Marta del Vado sobre Estados Unidos y la jueza Ginsburg empieza en el minuto veintitrés:

[Esto debería haber venido acompañado de algún testimonio gráfico que dé fe de lo que dice la corresponsal de la SER en Washington, pero va a ser que no he encontrado pintadas ni camisetas de la señora Ginsburg por la zona en la que yo vivo]

Lo del poder judicial

En cualquier caso, ya apuntaba en elparte anterior que no tengo nada claro lo de la separación entre políticas y juzgados ni aquí ni en España:

De hecho, más que no tenerlo claro, no tengo ni idea. ¿Por qué lo recojo en este diario? (Además de porque me encanta soltarlas gordas para que quien melea me corrija) porque es algo que también influye sobremanera en mi vida, habida cuenta de que nuestros derechos parece que se defiendan en los juzgados y no en las calles (otra de las exportaciones made in USA), y mis condiciones de vida dependan de juristas que presionan por suavizar leyes antiinmigración o de que un juzgado les explique a la administración que están abusando de las interinidades.

Así pues, intentaré concluir este apartado político-judicial de mi diario con dos cuestions que nunca terminaré de responder, pero que forman parte de esas inquietudes, y que se ven agitadas con fuerza cuando te mudas lejos de tu tierra. En mi caso, Alfredo, Indiana, verano de 2020 todo esto viene salpicado de tres asuntos

  • El de la obligatoriedad de llevar mascarilla o no aquí en Indiana, lo cual me remitió a la figura del fiscal general, cuya correspondencia en el estado español no sabría decir bien. Se oye mucho en las noticias y parece de relevancia, pero no sé muy bien qué lo diferencia del ministro de justicia. En Estados Unidos tiene pinta de ser una mezcla entre ambas, pero tampoco es que me haya leído sus ámbitos competenciales. Lo que me llama la atención es que en el Estado de Indiana lo eligen mediante votación popular y no por designación del gobernador.
  • Que tres de las cuatro personas que protagonizan la batalla electoral por la presidencia de los Estados Unidos vengan del mundo del derecho. El uno jurista, la otra Fiscal General en el Estado de California y un tercero doctor en derecho.
  • La muerte de la jueza Ginsburg y el terreboto político desatado en torno a su vacante en la Corte Suprema (me encanta el nombre, suena a una barra de helado).

¿Qué diferencias hay entre los distintos sistemas y qué puede ser mejor para garantizar los derechos y. el bienestar de la ciudadanía? Pues no lo sé. Desde luego parece que a priori la independencia entre ambos poderes, sea por votación popular o por propia organización interna, favorece los contrapesos y evita excesos autoritarios, pero el espectáculo al que asistimos a un lado y otro del Atlántico no ayuda a que el pueblo confíe en sus dirigentes, ni en los políticos ni en los judiciales.

Dallas, 2020

Cierro por el momento los rollos políticos y me dejo apuntado aquí el siguiente parte de mi diario, que viene motivado de un día que salí a correr por el campus con dos compañeras y me explicaron que la bandera de mi instituto ondeaba a media asta por la muerte de la jueza Ginsburg. El título podría venir a llamarse tal que así: Banderas, himnos y plegarias en la escuela media

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