Museo del bate de Louisville

Un paseo por el Ohio: a mitad caballo entre Kentucky e Indiana (part 1)

Ayer dije que os contaría un poco más de la zona en la que vivo. Como dicen que elo prometido es deuda y estamos de fin de semana, he pensado que os voy a llevar de excursión por la frontera natural entre mi estado (Indiana) y Kentucky: el río Ohio. En lugar de seguir su curso natural y terminar esta noche cruzando el Mississipi, navegaremos río arriba por el tramo que conozco (tranquilos: hoy vamos a ir por tierras llanas; no encontraremos aguas bravas).

STARTING POINT: Louisville, Kentucky

El nombre me hace bastante gracia, la verdad. Más que nada porque tenía previsto visitarla con Luis con motivo del Kentucky Derby (ojalá pueda dedicar una entrada a este evento, que debe ser bien curioso de vivir). Por supuesto, en esa visita no iba a faltar Patxi, compañero infatigable de Eurotrips, y esperábamos incluir a César en el quinteto inicial. [La cosa pinta de que no va a ser, pero bueno… será por destinos]

Museo del bate, Louisville (KY)

No me acuerdo a santo de qué era lo del señor del rifle, pero si localizáis el museo del bate de Lousiville en internet, seguro que podréis ponerle palabras a la placa que aparece cortada. a santo de qué era lo del señor del rifle, pero si localizáis el museo del bate de Louisville en internet, seguro que podréis ponerle palabras a la placa que aparece cortada.
Como soy un desastre con las fotos, esta es la única que he encontrao de cuando estuve allí. El béisbol es uno de los deportes estrella en Estados Unidos y Louisville se caracteriza por su tradición ¿batera? ¿bastista? ¿bastística?, además de ser la ciudad natal de Muhammad Ali. Aunque no tenga del todo interiorizado lo de que el teléfono sea cámara también, creo que se me ocurrió inmortalizar el momento porque me hizo gracia el señor del rifle de la acera de enfrente, que parece que esté vigilando el megabate y su museo. De Louisville recuerdo también que estaba Papá Noel en un barquico, pero no llegué a entender muy bien que hacía: los niños estaban en la orilla, él no atendía peticiones de regalos y tampoco tiraba caramelos (y en este país no será por amor al dulce). Evidentemente, el barquico estaba en el Ohio, así que imaginémonos que el señor de barba blanca es un capitán y que nos va a llevar a nuestra siguiente parada, Madison.

STOPOVER: MADISON

Con esta ciudad me pasa lo que he oído alguna vez de los museos de tu ciudad: los tienes tan a mano que te despiertan poco interés. Y sin embargo, cuando estás haciendo turismo, hasta el museo de ceniceros hechos con papel albal te parece relevante. Pues Madison debe estar chulo: Elena y José, los compañeros que hay en otro distrito escolar al sur del condado van a menudo (también es cierto que les pilla más cerca de casa que a mí): al propio pueblo o a las Clifty Falls, el parque estatal que hay a las afueras.

Yo desde casa aún tengo un cacho, pero desde Milan, el pueblo en el que trabajo, estoy a tres cuartos de hora. Realmente, cualquier día que saliera pronto de currar podría hacer la escapada hasta allí; pero claro, siempre piensas: ¡Bah! ¡Anda que no me quedan días de tener que ir al curro! Hasta que llega un virus y ¡ZASCA! Ya no es que no tenga días de ir al curro… ¡es que no puedo ni salir de casa!

Nada más llegar aquí sí que tuve que ir a Madison a hacerme mi número de la seguridad social, que viene a ser como el DNI en España: El SSN (por sus siglas en inglés) te lo van a pedir para todo, así que el banco, el seguro y demás pingos dependen de que te llegue la carta con tu número a las dos o tres semanas de haberlo solicitado. Imaginad pues lo preocupado que estaba yo por visitar el pueblo o las Clifty Falls en esos días de inicio de curso en los que tienes que poner en marcha una nueva vida. Además, ¡a falta días que habrá pa ir de excursión! [JUAS, JUAS]

Philip, John y Carolyn vinieron a buscarme al trabajo el primer o el segundo día y me llevaron a este pueblo a por mi preciado número. Lo poco que recuerdo de ahí es que estuvimos comiendo en un restaurante especializado en pescados bastante majo. Además, si pagabas un suplemento tenías buffet libre de ensalada. Allí empecé a darme cuenta de que mis hábitos alimentarios iban a cambiar mucho en este país. Seguro que hay más ocasiones de hablar de «la gastronomía», así que hoy simplemente os contaré un poco mi experiencia con sus ensaladas:

Si aquí se le echa salsa a todo lo inimaginable, imaginaos si se trata de lechuga. Uno encuentra cientos de tipos de salsas con una gama de viscosidad que van desde el cemento armado hasta puro caldo de sopa. Hay todo tipo de aderezos para hacer tu ensalada bien bizarra; lo que más me chocó son unas verduras raras rehogadas que yo creo que no hay nutricionista que las aconseje. Yo fui conservador a la hora mis elecciones y me dejé llevar poco por la experimentación, pero ya esos primeros noté que aquí, si quieres la comida picante (o picosa, como me dicen siempre los del restaurante mexicano de Versailles), la tendrás picante. También hay otro mexicano en la siguiente parada, que es el pueblo donde vivo: Lawrenceburg (Indiana), pero no llegué a entrar, y eso que paso veces por la misma puerta. Ya tú sabes: Uno siempre piensa: ¡Anda que no hay días pa ir…! [JUAS, JUAS]

STOPOVER: ¡The whiskey city!

Mi casa está a cinco minutos andando, así que me voy a parar justo aquí:

Esta imagen esta tomada desde el paseo del dique de Lawrenceburg (me está dando media vida estos días de pandemia, por cierto) ¿Ven la casa al otro lado del río? Eso es Kentucky: allí su gobernador les emplaza a quedarse Sanos en Casa. Aquí en Indiana es una orden.

¡Mañana seguimos! [Entrada actualizada, haciendo clic en el subrayado continuarás el paseíco]

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