Vuelta al cole (parte 1)

¡Cómo se nota que estamos en agosto! Ayer me saltó un video en Youtube en el que Pablo Casado proponía una asignatura troncal de Ingeniería (minuto 13) y he estado rebuscando por la red a ver si encontraba algún comentario al respecto, pero nada. Ni una sola mención a la ocurrencia del jefe de la oposición. Puede que esto se deba, además de a que estamos en el mes apropiado para que los acontecimientos sean menos noticia (pregúntenselo al jefe del estado español), a que las escuelas están más centradas en intentar saber cómo va a ser la educación en lo que sin duda será un punto de no retorno en los sistemas educativos de buena parte del planeta. 

Un pequeño teaser o señuelo: mañana llega la muchachada al insti, así que esta semana intentaré dar parte de lo que es un aula con una trentena sin hacer cuarentena. 

Si ya me choca bastante que la creación de una asignatura llamada Ingeniería no haya tenido ningún tipo de calado, lo de que sea troncal ya me deja atónito, anonadado, estupefacto, y patidifuso; como oyen: todo de golpe.

Así que en un ejercicio de aprendizaje basado en preguntas, me formulé yo mismo la siguiente duda: ¿Cómo ha llegado este señor a semejante aseveración? A continuación se muestran los resultados obtenidos: 

Lo que Pablo Casado ha hecho ha sido contraponer sus propuestas en materia de educación frente a una posible merma del peso de la iglesia y otros actores privados en las escuelas que la ciudadanía paga con sus impuestos. Si bien no sorprende que recurra a establecer un falso dilema entre sus ideas y las del proyecto de ley educativa, sí que resulta curioso como una persona tan ducha en oratoria tuviera que pausar su discurso y apoyarse en la repetición antes de enunciar la siguiente idea, lo cual evidencia que no tiene del todo claro lo que está proponiendo. (Véase el enlace del principio de esta entrada en el minuto 13)

El siguiente paso sería entonces adivinar lo que intenta proponer y, ya que me encuentro en los albores de algo que terminará penetrando en España, juraría que los tiros van por el tema STEM. Y aquí engancho con la primera entrada que dediqué al apisionante mundo de los acrónimos:

Fe de erratas: Resulta que en España sí que hay gente que optó por traducir lo de STEM como CTIM, es decir: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas

¿Nos va cuadrando lo de Pablo Casado? Como Ciencias y Matemáticas ya son troncales, lo que quiere es meter las dos que faltan, como si lo de la clase STEM o CTIM consistiera en que todos los años tengan ciertas horas de estas asignaturas (es decir, que formen parte del tronco y no de las ramas del currículo). Se nota que este concepto en España está muy verde (y menos mal), porque con un poco de suerte terminemos dándonos cuenta de que si seguimos restando importancia a la enseñanza en humanidades, acabaremos confiando nuestra suerte en una ciudadanía cuya lógica dependerá de la libertad del libre mercado liberal y del PIN parental que hayan querido establecer en sus casas. Las ideas de la clase STEM y del aprendizaje basado en problemas o proyectos me parecen buenísimas, pero está claro que si se invierten ciertas horas de clase en ello, bien habrá que quitárselas a otras. Si hay que fomentar las ciencias, la tecnología, el dibujo técnico y las matemáticas, imaginemos cuáles serán las asignaturas perjudicadas. ¿Aquellas quizás que nos hablan de cómo hemos llegado desde Grecia hasta nuestros días para intentar consolidar la democracia y algunos de los valores constitucionales más preciados? ¿Aquellas que nos hablan de las distintas manifestaciones artísticas y culturales que han transformado las distintas sociedades a lo largo del tiempo? Querrán hacer partícipes a todas las materias proponiendo que el de Cultura Clásica o Historia dedique más tiempo a hablar de las pirámides de Egipto y del acueducto de Segovia, o que la de Educación Física haga hincapié en la biónica y en el estudio de la pisada cuando hagamos ejercicio. Ambas ideas me parecen geniales, pero no dejemos de lado otros menesteres que velan por el bien común, a.k.a. la ResPublica

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